Tras leer la prensa esta mañana, entre ERES, financiaciones autonómicas, ajustes presupuestarios y la final de la copa del Rey de fútbol, me llamó la atención la noticia que aparecía en la revista norteamericana “Newsweek”, en la que se anunciaba la lista de mujeres más valientes del mundo.
Sí señoras y señores, las más valientes del mundo (¡más todavía!, me dije yo). Y entre todas estas heroínas, intrépidas y valerosas mujeres, no se encontraban Agustina de Aragón, la Dama de Elche o la Lola se va pa los puertos; ni siquiera la Belén Esteban se encontraba en el mencionado listado de mujeres valerosas y valientes (más todavía; uffff).
Entre ese cúmulo de chispa, arrojo, intrepidez, bravura, y un sinfín de calificativos, nos encontramos a tres grandes mujeres (bueno, una de ellas no llega a la media, aunque reconcentrada) que con su buen hacer, han merecido por méritos propios su catalogación como “VALIENTES DE ESPAÑA”. Y estas tres mujeres son Edurne Pasabán (la montañista), Pilar Manjón (la presidenta de la Asociación 11-M) y Soraya Sáenz de Santamaría (una chica que de un tiempo acá, no deja de salir a diario en los informativos).
Tras leer la noticia, no hice sino alegrarme. Y alegrarme porque, ¿saben ustedes las repercusiones que puede tener este anuncio, no sólo en nuestra maltrecha economía, sino en la economía mundial? ¿Pensáis que tras esta noticia, los especuladores van a atreverse con nuestra economía? ¿Sabéis que tras este comunicado, nuestra bolsa no volverá a tener un descenso tan brusco como el que tuvo ayer martes?
Y así será. Tres mujeres valientes, intrépidas y valerosas, sacarán a España del pozo en el que estamos hundidos.
Y yo me pregunto, ¿Por qué la revista “Newsweek” no publicaría esta lista hace tres o cuatro años, antes de la crisis, cuando, y me consta, estas tres mujeres ya habían demostrado de sobra su valentía.
Domingo
miércoles, 7 de marzo de 2012
sábado, 3 de marzo de 2012
BORNOS EN LA HISTORIA (VIII)
La segunda entrada de “Bornos en la Historia” (9-11-2011) nos hablaba de la diáspora de un grupo de familia de la civilización conocida como del “Bujerilius”, por distintos puntos de la geografía europea y española. La mayor parte de este grupo de emigrantes, como ya contamos, se asentó en la zona conocida como la Sancelonense (de Sant Celoni), echando raíces en la zona.

Unos veinte siglos más tardes, allá a principios del siglo XVII, durante el reinado de Felipe IV (1621-1665), nuestra España, a pesar de su gran poder territorial, estaba inmersa en un sinfín de problemas bélicos, tanto internos como externos.
Uno de los frentes que el monarca tenía abierto, y en especial sus validos, el Duque de Lerma (responsable de la expulsión de los moriscos) y el Conde Duque de Olivares, era con la Generalidad catalana. Los catalanes no estaban por la labor de pagar impuestos para sufragar las campañas bélicas del monarca. Y en este clima de desacuerdo hacia el poder central, surgió el problema del bandolerismo.
Es por entonces cuando surge la figura de Joan Salas i Ferrer, bandolero conocido con el nombre de Serrallonga. Nacido en Viladrau, organizó una partida de bandoleros que actuó principalmente por la Sierra de las Guillerías, aunque parece ser que su triángulo de actuaciones contra el poder nobiliario se expandía entre las localidades de Viladrau, Sant Hilari Sacalm y Sant Celoni. Junto a sus compañeros de partida Tallaferro, Petit Comí, Xafarroques o El Fadri de Sau, entre otros, actuó como un Robin Hood, robando a los ricos para ayudar a los más necesitados.
No hay constancia escrita, aunque sí nos han llegados noticias que han pasado de padres a hijos, de que descendientes de aquellas familias que veinte siglos antes habían emigrado desde el “Bujerilius” , formaron parte de la famosa partida de Serrallonga. Y es más, hay constancia que parientes de esos emigrantes bujerilianos, viajaron desde la villa gaditana de Bornnes, con su espíritu emprendedor y de búsqueda de aventuras característico de los habitantes de esa villa, a formar parte de la mencionada partida de bandoleros.
También se cree que fue uno de esos tardo emigrantes, el que acabó con la vida de Xafarroques, lugarteniente de Serrallonga, quien, hecho preso, delató a su jefe y a todos los integrantes de la partida.
Dedicado a los bornichos que un día tuvieron que abandonar nuestra tierra, porque allá donde están, siguen formando parte de la historia de Bornos.
Domingo

Unos veinte siglos más tardes, allá a principios del siglo XVII, durante el reinado de Felipe IV (1621-1665), nuestra España, a pesar de su gran poder territorial, estaba inmersa en un sinfín de problemas bélicos, tanto internos como externos.
Uno de los frentes que el monarca tenía abierto, y en especial sus validos, el Duque de Lerma (responsable de la expulsión de los moriscos) y el Conde Duque de Olivares, era con la Generalidad catalana. Los catalanes no estaban por la labor de pagar impuestos para sufragar las campañas bélicas del monarca. Y en este clima de desacuerdo hacia el poder central, surgió el problema del bandolerismo.
Es por entonces cuando surge la figura de Joan Salas i Ferrer, bandolero conocido con el nombre de Serrallonga. Nacido en Viladrau, organizó una partida de bandoleros que actuó principalmente por la Sierra de las Guillerías, aunque parece ser que su triángulo de actuaciones contra el poder nobiliario se expandía entre las localidades de Viladrau, Sant Hilari Sacalm y Sant Celoni. Junto a sus compañeros de partida Tallaferro, Petit Comí, Xafarroques o El Fadri de Sau, entre otros, actuó como un Robin Hood, robando a los ricos para ayudar a los más necesitados.

No hay constancia escrita, aunque sí nos han llegados noticias que han pasado de padres a hijos, de que descendientes de aquellas familias que veinte siglos antes habían emigrado desde el “Bujerilius” , formaron parte de la famosa partida de Serrallonga. Y es más, hay constancia que parientes de esos emigrantes bujerilianos, viajaron desde la villa gaditana de Bornnes, con su espíritu emprendedor y de búsqueda de aventuras característico de los habitantes de esa villa, a formar parte de la mencionada partida de bandoleros.
También se cree que fue uno de esos tardo emigrantes, el que acabó con la vida de Xafarroques, lugarteniente de Serrallonga, quien, hecho preso, delató a su jefe y a todos los integrantes de la partida.
Dedicado a los bornichos que un día tuvieron que abandonar nuestra tierra, porque allá donde están, siguen formando parte de la historia de Bornos.
Domingo
lunes, 27 de febrero de 2012
INFLUJO VERSUS COINCIDENCIA.
Me encontraba esta tarde esperando el paso de la cabalgata de carnaval en la cafetería de un conocido hotel de la capital gaditana, en la que he coincidido años atrás con algunos bornichos, cuando llamó mi atención, en el descanso del partido de fútbol que jugaban el Sporting de Gijón y el Atlético de Madrid, el resumen de la Copa del Rey de baloncesto. Y me llamó la atención porque, después de muchos años, diecinueve, según el diario Marca, el Real Madrid se proclamaba campeón después de pasar por encima del Barcelona Regal.
Después de varios años de no levantar la Copa, el Real Madrid se proclamaba campeón.
Esta victoria, unida a la gran campaña que está haciendo el equipo de fútbol del Real Madrid, llevando diez puntos de ventaja a su máximo rival, el F.C. Barcelona, hicieron hacerme unas preguntas. ¿Qué está pasando en España? ¿Qué ha ocurrido en las dos máximas competiciones españolas (fútbol y baloncesto), para que de pronto, como por arte de birlibirloque, las sonrisas y jolgorios cambien de acera? ¿Es normal que de buenas a primeras, los que hasta hace pocas fechas tenían que conformarse con ser segundos, pasen como por ensalmo a convertirse en indiscutibles líderes?
Algo ha tenido que suceder –me dije- para que esto ocurra así. ¿Los entrenadores?, ¿los jugadores?, ¿los equipos directivos?, ¿los árbitros?
Puede. Puede que todos tengan su parte de culpa en este cambio de rumbo.
¿O quizás –pensé también-, haya fuerzas ajenas al deporte que sean las verdaderas motivadoras de esta metamorfosis?
Y fue entonces, buscando esas causas ajenas, cuando caí, y no sé por qué, en la influencia que pudiera acarrear el último cambio de gobierno.
¿Tendrá algo que ver el hecho de que el señor Zapatero fuese un reconocido culé, todo lo contrario que el señor Rajoy, declarado un entusiasta merengón? ¿Podríamos estar en los comienzos de una era en la que, a semejanza de aquélla otra (que mejor no recordar para algunos) el color blanco era el predominante en la consecución de títulos, siendo tildado de favores gubernamentales? ¿Estaremos entrando en una etapa en la que la alternancia deportiva coincida con la alternancia política?
Ufff, esperemos que no; pero yo, a los hechos me remito. Vosotros opinaréis.
Domingo
Después de varios años de no levantar la Copa, el Real Madrid se proclamaba campeón.
Esta victoria, unida a la gran campaña que está haciendo el equipo de fútbol del Real Madrid, llevando diez puntos de ventaja a su máximo rival, el F.C. Barcelona, hicieron hacerme unas preguntas. ¿Qué está pasando en España? ¿Qué ha ocurrido en las dos máximas competiciones españolas (fútbol y baloncesto), para que de pronto, como por arte de birlibirloque, las sonrisas y jolgorios cambien de acera? ¿Es normal que de buenas a primeras, los que hasta hace pocas fechas tenían que conformarse con ser segundos, pasen como por ensalmo a convertirse en indiscutibles líderes?
Algo ha tenido que suceder –me dije- para que esto ocurra así. ¿Los entrenadores?, ¿los jugadores?, ¿los equipos directivos?, ¿los árbitros?
Puede. Puede que todos tengan su parte de culpa en este cambio de rumbo.
¿O quizás –pensé también-, haya fuerzas ajenas al deporte que sean las verdaderas motivadoras de esta metamorfosis?
Y fue entonces, buscando esas causas ajenas, cuando caí, y no sé por qué, en la influencia que pudiera acarrear el último cambio de gobierno.
¿Tendrá algo que ver el hecho de que el señor Zapatero fuese un reconocido culé, todo lo contrario que el señor Rajoy, declarado un entusiasta merengón? ¿Podríamos estar en los comienzos de una era en la que, a semejanza de aquélla otra (que mejor no recordar para algunos) el color blanco era el predominante en la consecución de títulos, siendo tildado de favores gubernamentales? ¿Estaremos entrando en una etapa en la que la alternancia deportiva coincida con la alternancia política?
Ufff, esperemos que no; pero yo, a los hechos me remito. Vosotros opinaréis.
Domingo
BORNOS EN LA HISTORIA (VII).
Pasado ya el carnaval, aunque por estos lares todavía queda lo que llaman el carnaval chiquito o el de los “jartibles”, se nos echa encima la campaña electoral para nuestra Comunidad Autónoma, campaña electoral ésta que dicho sea de paso, y debido a la grave crisis que nos asola, y según fuentes casi oficiales que me han llegado a los oídos, van a sufragar de sus propios bolsillos los mismos candidatos. Todo un detalle por su parte.
Pero no, siguiendo con mi línea, no voy a hablar de política. Voy a cumplir con la promesa que hice en su día, de seguir con la “Otra historia de Bornos”, y cuyos primeros capítulos ya publicamos en este blog durante la pre-campaña electoral de las pasadas elecciones generales, y de las que, por abrumadora mayoría, salió victorioso el PP (más de lo mismo: como dice el dicho, “los mismos perros con distinto collar”, por mucho que se enfaden unos y otros).

Dicho esto, seguiremos con la 7ª entrega de “Bornos en la historia”, queriendo recordar que la anterior entrega discurría a finales del sigo XV y principios del XVI, concretamente con el hecho del descubrimiento de América y con la figura del monarca Carlos I, nuestro primer rey de la dinastía de los Austria o de los Habsburgo.
La expansión española tras el descubrimiento de América, abrió, por primera vez en nuestra historia, las puertas de una emigración masiva allende los mares. Hasta ahora, y como ya dejamos escrito en nuestras anteriores entregas, nuestros ancestros se habían ceñidos a hacer alguna que otra incursión por distintos puntos de nuestra península o por algún punto en concreto de países vecinos.
Fue así como, a partir de la segunda expedición española a tierras descubiertas, las naves se llenaron de tripulantes de los más recónditos rincones de la geografía española, siendo extremeños y andaluces los más asiduos en buscar nuevos horizontes (lo de la pobreza de estas dos regiones españolas no son realidades de la España actual, sino que viene de muy atrás en el tiempo).
No hay dato alguno que pruebe que entre los miembros de las tripulaciones de las distintas expediciones al nuevo mundo, se encontrase algún bornicho, y eso es extraño, ya que de todos es sabido, que allá donde haya algo novedoso para después poderlo contar, allá habrá un bornicho.
Pero si en los primeros viajes a tierras americanas no nos consta que hubiese ningún paisano, no se puede decir lo mismo de la expedición organizada por Fernando de Magallanes, que con el fin de buscar un camino alternativo al utilizado por los portugueses para llegar a las Indias Orientales (bordeando el continente africano hasta llegar al océano Índico), en busca de las tan preciadas especias, acabó por ser la primera expedición que consiguió dar la vuelta al mundo.
Pues bien, tras conseguir don Fernando de Magallanes, con la ayuda del obispo de Burgos, el consentimiento real (Carlos I) de llevar a cabo esta expedición, comenzó el alistamiento de la dotación de las cinco naves (Trinidad, Concepción, San Antonio, Victoria y Santiago) que el 20 de septiembre de 1519 partirían desde el puerto de Sanlúcar de Barrameda en búsqueda de las islas de las Especias por el camino de occidente. La tripulación, en un número de 234 repartidos entre las cinco naves, era mayoritariamente de origen portugués o vasco, aunque bien es verdad que también fue considerable el número de marineros procedentes de las provincias de Sevilla y Cádiz.
Ni que decir tiene que la tradición marinera en el pueblo de Bornos, y más por aquellos años de principios del siglo XVI, era por decirlo de alguna manera, totalmente nula. Pero no toda la tripulación debería de ser marinera. Había un puesto en cada una de las naves, y así lo entendía el comandante Magallanes, que tenía una importancia mayúscula. Este puesto era el de cocinero.
Con el fin de reclutar a cinco cocineros, uno por embarcación, se llevaron a cabo en las provincias de Sevilla y Cádiz un sinfín de pruebas (lo que hoy llamamos castings), resultando elegidos dos cocineros sevillanos, un vasco, uno de la ciudad de Cádiz y un quinto de la localidad de Bornos. Concretamente, y así no lo relata el cronista de la expedición, el veneciano Antonio Pigafetta, el cocinero bornicho fue elegido gracias a los tres platos que preparó. He de decir que las pruebas de la elección de cocineros consistían en la preparación de tres diferentes platos, destinados el primero para la tripulación, el segundo para cartógrafos y personal sanitario, y el tercero para los oficiales del barco. Según nos relata Pigafetta, el cocinero bornicho, al que le conocían como Bo, preparó una sopa fresca para la tripulación, un abajao para los cartógrafos y personal sanitario, y una suculenta berza para los oficiales. Tras degustar tan ricos manjares, no hubo discusión alguna en su elección, y así nos vemos al cocinero bornicho, embarcado en la nave Victoria, partiendo del puerto de Sevilla para, tras recalar en Sanlúcar, partir con rumbo a lo desconocido.
Mil y una calamidades pasaron los tripulantes de la expedición: conspiraciones, rebeliones a bordo, deserciones, hambrunas, escorbuto, abordajes, y un sinfín de muertes.
Tras conseguir bordear todo el continente americano y pasar al océano Pacífico por el que llamaron estrecho de Todos los Santos (actualmente estrecho de Magallanes), consiguieron llegar a las islas Molucas, comprobando que habían conseguido su objetivo: llegar al Extremo Oriente. A continuación, se adentran en el archipiélago filipino y comienzan a tener contactos con los indígenas de la zona (en uno de ellos muere Fernando de Magallanes).

Con el fin de almacenar todo el material y provisiones que iban consiguiendo, buscaron una isla algo alejada de las innumerables tribus de la zona que, alentados por los portugueses, no cesaban de atacar a los miembros de la expedición española. Y es entonces cuando el cocinero bornicho, divisó en lontananza, una gran isla (mayor que el resto; de hecho es la cuarta mayor isla de todo el planeta, después de Australia, Groenlandia y Nueva Guinea), desembarcando en ella y quedándose como único representante de la expedición española, mientras que el resto de la misma se dedicaba a navegar por las innumerables islas buscando especias.
Nunca más se supo del cocinero de Bornos, ya que la nave Victoria (la única que quedaba por entonces de las cinco que salieron de Sanlúcar de Barrameda), al mando de Juan Sebastián Elcano, partió para España, llegando en septiembre de 1522 al mismo puerto del que partieron tres años antes, después de haber dado la primera vuelta al mundo.
Lo único que se sabe, y así lo dejó plasmado en sus escritos el cronista Pigafetta, es que el cocinero de Bornos, Bo, quedó abandonado en la isla que se conoce actualmente como Borneo (Indonesia). El origen del nombre de esa isla nunca se supo, pero, ¿podría deberse su nombre en honor de nuestro cocinero? Quizás algún día se sepa.
Domingo
Pero no, siguiendo con mi línea, no voy a hablar de política. Voy a cumplir con la promesa que hice en su día, de seguir con la “Otra historia de Bornos”, y cuyos primeros capítulos ya publicamos en este blog durante la pre-campaña electoral de las pasadas elecciones generales, y de las que, por abrumadora mayoría, salió victorioso el PP (más de lo mismo: como dice el dicho, “los mismos perros con distinto collar”, por mucho que se enfaden unos y otros).

Dicho esto, seguiremos con la 7ª entrega de “Bornos en la historia”, queriendo recordar que la anterior entrega discurría a finales del sigo XV y principios del XVI, concretamente con el hecho del descubrimiento de América y con la figura del monarca Carlos I, nuestro primer rey de la dinastía de los Austria o de los Habsburgo.
La expansión española tras el descubrimiento de América, abrió, por primera vez en nuestra historia, las puertas de una emigración masiva allende los mares. Hasta ahora, y como ya dejamos escrito en nuestras anteriores entregas, nuestros ancestros se habían ceñidos a hacer alguna que otra incursión por distintos puntos de nuestra península o por algún punto en concreto de países vecinos.
Fue así como, a partir de la segunda expedición española a tierras descubiertas, las naves se llenaron de tripulantes de los más recónditos rincones de la geografía española, siendo extremeños y andaluces los más asiduos en buscar nuevos horizontes (lo de la pobreza de estas dos regiones españolas no son realidades de la España actual, sino que viene de muy atrás en el tiempo).
No hay dato alguno que pruebe que entre los miembros de las tripulaciones de las distintas expediciones al nuevo mundo, se encontrase algún bornicho, y eso es extraño, ya que de todos es sabido, que allá donde haya algo novedoso para después poderlo contar, allá habrá un bornicho.
Pero si en los primeros viajes a tierras americanas no nos consta que hubiese ningún paisano, no se puede decir lo mismo de la expedición organizada por Fernando de Magallanes, que con el fin de buscar un camino alternativo al utilizado por los portugueses para llegar a las Indias Orientales (bordeando el continente africano hasta llegar al océano Índico), en busca de las tan preciadas especias, acabó por ser la primera expedición que consiguió dar la vuelta al mundo.
Pues bien, tras conseguir don Fernando de Magallanes, con la ayuda del obispo de Burgos, el consentimiento real (Carlos I) de llevar a cabo esta expedición, comenzó el alistamiento de la dotación de las cinco naves (Trinidad, Concepción, San Antonio, Victoria y Santiago) que el 20 de septiembre de 1519 partirían desde el puerto de Sanlúcar de Barrameda en búsqueda de las islas de las Especias por el camino de occidente. La tripulación, en un número de 234 repartidos entre las cinco naves, era mayoritariamente de origen portugués o vasco, aunque bien es verdad que también fue considerable el número de marineros procedentes de las provincias de Sevilla y Cádiz.
Ni que decir tiene que la tradición marinera en el pueblo de Bornos, y más por aquellos años de principios del siglo XVI, era por decirlo de alguna manera, totalmente nula. Pero no toda la tripulación debería de ser marinera. Había un puesto en cada una de las naves, y así lo entendía el comandante Magallanes, que tenía una importancia mayúscula. Este puesto era el de cocinero.
Con el fin de reclutar a cinco cocineros, uno por embarcación, se llevaron a cabo en las provincias de Sevilla y Cádiz un sinfín de pruebas (lo que hoy llamamos castings), resultando elegidos dos cocineros sevillanos, un vasco, uno de la ciudad de Cádiz y un quinto de la localidad de Bornos. Concretamente, y así no lo relata el cronista de la expedición, el veneciano Antonio Pigafetta, el cocinero bornicho fue elegido gracias a los tres platos que preparó. He de decir que las pruebas de la elección de cocineros consistían en la preparación de tres diferentes platos, destinados el primero para la tripulación, el segundo para cartógrafos y personal sanitario, y el tercero para los oficiales del barco. Según nos relata Pigafetta, el cocinero bornicho, al que le conocían como Bo, preparó una sopa fresca para la tripulación, un abajao para los cartógrafos y personal sanitario, y una suculenta berza para los oficiales. Tras degustar tan ricos manjares, no hubo discusión alguna en su elección, y así nos vemos al cocinero bornicho, embarcado en la nave Victoria, partiendo del puerto de Sevilla para, tras recalar en Sanlúcar, partir con rumbo a lo desconocido.
Mil y una calamidades pasaron los tripulantes de la expedición: conspiraciones, rebeliones a bordo, deserciones, hambrunas, escorbuto, abordajes, y un sinfín de muertes.
Tras conseguir bordear todo el continente americano y pasar al océano Pacífico por el que llamaron estrecho de Todos los Santos (actualmente estrecho de Magallanes), consiguieron llegar a las islas Molucas, comprobando que habían conseguido su objetivo: llegar al Extremo Oriente. A continuación, se adentran en el archipiélago filipino y comienzan a tener contactos con los indígenas de la zona (en uno de ellos muere Fernando de Magallanes).

Con el fin de almacenar todo el material y provisiones que iban consiguiendo, buscaron una isla algo alejada de las innumerables tribus de la zona que, alentados por los portugueses, no cesaban de atacar a los miembros de la expedición española. Y es entonces cuando el cocinero bornicho, divisó en lontananza, una gran isla (mayor que el resto; de hecho es la cuarta mayor isla de todo el planeta, después de Australia, Groenlandia y Nueva Guinea), desembarcando en ella y quedándose como único representante de la expedición española, mientras que el resto de la misma se dedicaba a navegar por las innumerables islas buscando especias.
Nunca más se supo del cocinero de Bornos, ya que la nave Victoria (la única que quedaba por entonces de las cinco que salieron de Sanlúcar de Barrameda), al mando de Juan Sebastián Elcano, partió para España, llegando en septiembre de 1522 al mismo puerto del que partieron tres años antes, después de haber dado la primera vuelta al mundo.
Lo único que se sabe, y así lo dejó plasmado en sus escritos el cronista Pigafetta, es que el cocinero de Bornos, Bo, quedó abandonado en la isla que se conoce actualmente como Borneo (Indonesia). El origen del nombre de esa isla nunca se supo, pero, ¿podría deberse su nombre en honor de nuestro cocinero? Quizás algún día se sepa.
Domingo
miércoles, 18 de enero de 2012
EL TORRECILLA
Me cuenta un amigo de allende los Pirineos, concretamente de la ciudad de Ginebra, en Suiza, que cierto día, con ocasión de unas mini vacaciones en tierras españolas, concretamente en la provincia de Málaga, y harto ya de playas y de mega construcciones turísticas, contactó con un grupo de senderistas de la zona costera, concretamente de la localidad de San Pedro de Alcántara, con el solo propósito de conocer in situ la serranía de Ronda, que dicho sea de paso, era la que se le asemejaba un poco a su tierra natal.

Entre comentarios, risas y alguna que otra cerveza, le propusieron a este amigo mío, que se uniera a la ruta que pensaban hacer, que por una razón u otra nunca habían hecho, y que no era otra que el ascenso al alto del Torrecilla, de aproximadamente unos 2000 metros (exactamente 1919). Como se dice por estas tierras, mi amigo el suizo “vio el cielo abierto”; le encantó la idea de abandonar la zona de playa y de bullicio turístico “costasolense” (y eso que discurrían los primeros días de febrero) y adentrarse en esa orografía que le era más familiar.
.
Dicho y hecho. Dos días después de haberse comprometido con el grupo senderista, y uno antes de su vuelo desde Málaga hasta el Geneva Cointrin International Airport, partían por la carretera de Ronda, hasta llegar a la zona de los Quejigales, lugar éste donde dejaron los dos vehículos que llevaban. Eran las ocho y media de la mañana. Quedaban unos dieciséis kilómetros de ascensión.
.
Preparados los ocho senderistas para comenzar su jornada, a la espera que llegase el guía lugareño, de apodo “Tenzing Norgay”, que sería el que los conduciría a la cima. O por lo menos eso era lo que pretendían.
Nada más llegar el tal Tenzing, con cara de pocos amigos, se dirigió al jefe del grupo, de nombre Edmundo Hilario Junior, y le dijo textualmente: “hoy no es el día más apropiado para subir; la morita está colando”.
- ¿Cómo?, ¿qué dices, hombre? ¿Qué es eso de que la “morita está colando”? –le contestó Edmundo-.
- ¿Ves que la cima del pico está cubierta de una boina de nubes, como si fuera un sombrero?, pues eso es que “la morita está colando”; y cuando eso ocurre, tenemos temporal. Además, con el frío que hace, no me extraña que nieve allí arriba. Hoy no es el día para subir.
- Pero Tenzing, si la única nube que hay es la que cubre la cima; el día está buenísimo.
- Lo que yo te diga, Edmundo; hoy no es el día.
La cara de mi amigo el suizo (según me comentó él mismo) era un poema, no pudiéndose reprimir el entablar conversación con el tal Tenzing.
- Perdone usted que me entremeta, señor, pero me da risa lo que está diciendo. He subido casi todas las cimas de los Alpes, y en casi todas, desde el campamento base, he observado como “la morita estaba colando”, que a decir verdad, no sé que carajo (perdón) significa eso.
- Pues mire usted, señor –le contestó Tenzing-, usted habrá subido a las principales cimas de los Alpes, pero esta zona no la conoce usted; y si yo digo que la morita está colando, es que es así; y yo no me comprometo a subir en estas condiciones.
Tras alguna que otra palabra más alta que otra, miradas desafiantes y algunas que otras expresiones que no ayudaban al entendimiento, el jefe del grupo, Edmundo Hilario, decidió que volvían a San Pedro.
Pero cuál fue la sorpresa cuando mi amigo el suizo, no creyéndose lo que estaba sucediendo, decidió subir el Torrecilla.
- Haced lo que queráis –dijo-, pero yo subo; con morita o sin morita, yo subo.
Y así fue. Sin esperar respuesta alguna, y mucho menos del guía, comenzó la ascensión, desoyendo los consejos a voces de los miembros del grupo, los cuales se fueron apagando al tiempo que él se perdía entre pinos piñoneros y rosales silvestres.
Muy pronto, mi amigo, el suizo, sólo oía sus pasos, su resuello al respirar (a causa de los dos paquetes de Marlboro que se fumaba todos los días) y algún que otro trinar de los pequeños pajarillos que revoloteaban entre copa y copa de los árboles.
.
Paso tras paso, y en las inmediaciones de la ascensión, rodeados de pinsapos, mi amigo, el suizo, comenzó a acordarse de Tenzing el guía. Una espesa niebla y un frío intenso se cerró sobre él, no pudiendo ver más allá de cinco o seis metros. De pronto, y sin esperarlo, se vio corriendo sin saber a dónde, delante de una manada de cabras montesas, que huyendo seguramente del brusco cambio climatológico, irían buscando un refugio sin siquiera advertir que un humano (mi amigo, el suizo) les precedía. Tras cambiar su rumbo las cabras, mi amigo quedó paralizado sin saber si había subido, bajado o desplazado a un lado o a otro del sendero que llevaba. Se vio perdido y abatido, por lo que, sin pensárselo dos veces comenzó un descenso sin saber a dónde iba, y mucho menos sin saber si estaba deshaciendo el camino que había hecho.
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Como ya predijo Tenzing, comenzaron a caer los primeros copos de nieve; primero tenuemente, para, en pocos minutos, comenzar a caer unos copos que eran más comunes de la zona del Mont Blanc que de estas latitudes.
.
Mi amigo siguió andando; sin saber a dónde, pero andando. Así hasta que, sin darse cuenta alguna, se vio como volteaba por los suelos tras pisar en falso, rodando por un pequeño terraplén cubierto por zarzas y rosales, hasta que pudo detener su cuerpo en las gélidas aguas de un pequeño arroyo. Nuevamente volvió a acordarse de Tenzing.
Todo mojado, aterido de frío y con la rodilla derecha dislocada tras golpearse fuertemente en su caída por el terraplén, mi amigo el suizo se sintió por primera vez perdido en aquella montaña, y todo ello por desoír los consejos de un lugareño, del sherpa de Torrox.
Por fin, tras varias horas de búsqueda, al filo de la medianoche, fue el mismo Tenzing, en compañía de Edmundo, el que encontró a mi amigo suizo, totalmente inmovilizado, en posición fetal y apoyando su espalda en un quejigo.
Domingo

Entre comentarios, risas y alguna que otra cerveza, le propusieron a este amigo mío, que se uniera a la ruta que pensaban hacer, que por una razón u otra nunca habían hecho, y que no era otra que el ascenso al alto del Torrecilla, de aproximadamente unos 2000 metros (exactamente 1919). Como se dice por estas tierras, mi amigo el suizo “vio el cielo abierto”; le encantó la idea de abandonar la zona de playa y de bullicio turístico “costasolense” (y eso que discurrían los primeros días de febrero) y adentrarse en esa orografía que le era más familiar.
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Dicho y hecho. Dos días después de haberse comprometido con el grupo senderista, y uno antes de su vuelo desde Málaga hasta el Geneva Cointrin International Airport, partían por la carretera de Ronda, hasta llegar a la zona de los Quejigales, lugar éste donde dejaron los dos vehículos que llevaban. Eran las ocho y media de la mañana. Quedaban unos dieciséis kilómetros de ascensión.
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Preparados los ocho senderistas para comenzar su jornada, a la espera que llegase el guía lugareño, de apodo “Tenzing Norgay”, que sería el que los conduciría a la cima. O por lo menos eso era lo que pretendían.
Nada más llegar el tal Tenzing, con cara de pocos amigos, se dirigió al jefe del grupo, de nombre Edmundo Hilario Junior, y le dijo textualmente: “hoy no es el día más apropiado para subir; la morita está colando”.
- ¿Cómo?, ¿qué dices, hombre? ¿Qué es eso de que la “morita está colando”? –le contestó Edmundo-.
- ¿Ves que la cima del pico está cubierta de una boina de nubes, como si fuera un sombrero?, pues eso es que “la morita está colando”; y cuando eso ocurre, tenemos temporal. Además, con el frío que hace, no me extraña que nieve allí arriba. Hoy no es el día para subir.
- Pero Tenzing, si la única nube que hay es la que cubre la cima; el día está buenísimo.
- Lo que yo te diga, Edmundo; hoy no es el día.
La cara de mi amigo el suizo (según me comentó él mismo) era un poema, no pudiéndose reprimir el entablar conversación con el tal Tenzing.
- Perdone usted que me entremeta, señor, pero me da risa lo que está diciendo. He subido casi todas las cimas de los Alpes, y en casi todas, desde el campamento base, he observado como “la morita estaba colando”, que a decir verdad, no sé que carajo (perdón) significa eso.
- Pues mire usted, señor –le contestó Tenzing-, usted habrá subido a las principales cimas de los Alpes, pero esta zona no la conoce usted; y si yo digo que la morita está colando, es que es así; y yo no me comprometo a subir en estas condiciones.
Tras alguna que otra palabra más alta que otra, miradas desafiantes y algunas que otras expresiones que no ayudaban al entendimiento, el jefe del grupo, Edmundo Hilario, decidió que volvían a San Pedro.
Pero cuál fue la sorpresa cuando mi amigo el suizo, no creyéndose lo que estaba sucediendo, decidió subir el Torrecilla.
- Haced lo que queráis –dijo-, pero yo subo; con morita o sin morita, yo subo.
Y así fue. Sin esperar respuesta alguna, y mucho menos del guía, comenzó la ascensión, desoyendo los consejos a voces de los miembros del grupo, los cuales se fueron apagando al tiempo que él se perdía entre pinos piñoneros y rosales silvestres.
Muy pronto, mi amigo, el suizo, sólo oía sus pasos, su resuello al respirar (a causa de los dos paquetes de Marlboro que se fumaba todos los días) y algún que otro trinar de los pequeños pajarillos que revoloteaban entre copa y copa de los árboles.
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Paso tras paso, y en las inmediaciones de la ascensión, rodeados de pinsapos, mi amigo, el suizo, comenzó a acordarse de Tenzing el guía. Una espesa niebla y un frío intenso se cerró sobre él, no pudiendo ver más allá de cinco o seis metros. De pronto, y sin esperarlo, se vio corriendo sin saber a dónde, delante de una manada de cabras montesas, que huyendo seguramente del brusco cambio climatológico, irían buscando un refugio sin siquiera advertir que un humano (mi amigo, el suizo) les precedía. Tras cambiar su rumbo las cabras, mi amigo quedó paralizado sin saber si había subido, bajado o desplazado a un lado o a otro del sendero que llevaba. Se vio perdido y abatido, por lo que, sin pensárselo dos veces comenzó un descenso sin saber a dónde iba, y mucho menos sin saber si estaba deshaciendo el camino que había hecho.
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Como ya predijo Tenzing, comenzaron a caer los primeros copos de nieve; primero tenuemente, para, en pocos minutos, comenzar a caer unos copos que eran más comunes de la zona del Mont Blanc que de estas latitudes.
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Mi amigo siguió andando; sin saber a dónde, pero andando. Así hasta que, sin darse cuenta alguna, se vio como volteaba por los suelos tras pisar en falso, rodando por un pequeño terraplén cubierto por zarzas y rosales, hasta que pudo detener su cuerpo en las gélidas aguas de un pequeño arroyo. Nuevamente volvió a acordarse de Tenzing.
Todo mojado, aterido de frío y con la rodilla derecha dislocada tras golpearse fuertemente en su caída por el terraplén, mi amigo el suizo se sintió por primera vez perdido en aquella montaña, y todo ello por desoír los consejos de un lugareño, del sherpa de Torrox.
Por fin, tras varias horas de búsqueda, al filo de la medianoche, fue el mismo Tenzing, en compañía de Edmundo, el que encontró a mi amigo suizo, totalmente inmovilizado, en posición fetal y apoyando su espalda en un quejigo.
Domingo
martes, 10 de enero de 2012
...bajo su fresca sombra...
Si paseamos hoy día por su pequeña estructura circular, flanqueada en su interior por cuatro grandes bancos de mampostería y con otra estructura, también de mampostería, en forma de corona circular, cuyo perímetro servía también de asiento para la concurrencia, observamos una gran ausencia de "ocupadores". Atrás quedaron esas calurosas tardes de julio y agosto, cuando era tarea ardua y difícil el conseguir un asiento bajo su fresca sombra; atrás quedaron esas reuniones, donde generaciones (desde los Zarzuela,Cristobal, Andrés Caro, Luis Abadía o Fernando (hijo de don Fernando el maestro) hasta los Núñez, Carito, hermanos Galán, José María o JuanPinto, entre otros) hacían su punto de encuentro y se comunicaban las últimas noticias acaecidas en el pueblo; atrás quedaron esas reuniones que servían de base de partida para ejecutar diversas acometidas con el fin de conseguir la "guachi " o la "mandarina" de tal o cual árbol, siempre "buscándole las vueltas" a Pepe el jardinero o al buen amigo Ginés.
Ni que decir tiene que los "jóvenes" que lean estas frases, no disfrutaron de ese cálido punto de encuentro, al cambiarlo por el uso de la fría red de redes; no lucharán hoy día con su memoria cuando pisan (algunos, jorobándose al clavarse las protuberancias de su suelo irregular) el corazón de nuestro palacio. Efectivamente, señoras y señores bornichos/as, estoy hablando de nuestro MERENDERO.
domingo, 1 de enero de 2012
COFFEESHOPS.
Hoy, uno de enero de dos mil doce, el año de la profecía maya, me he levantado (con cinco horas de sueño tras acostarme después de comer churros al apuntar el día) con ganas de escribir. Pero escribir sobre algo en lo que mis neuronas no tuvieran que esforzarse en lo más mínimo para hilar palabras y frases; escribir sobre cualquier tema en el que las musas, que de vez en cuando vienen a hacerme compañía, tuviesen su protagonismo por su ausencia; escribir sin preocuparme en lo más mínimo de esa prudencia que en multitud de ocasiones nos hace ser enemigo de la libertad.
Así que, con el fin de encontrar tema, he ojeado las ya ojeadas noticias de los principales rotativos españoles, encontrándome con más de lo mismo: crisis, medidas económicas, recortes, el Madrid, Mourinho, el Madrid, más recortes, el Barça, Cristiano, y otra vez el Madrid.

De las noticias “reojeadas” de fuera de nuestra “piel de toro”, me llamó la atención la que informaba de la decisión del gobierno holandés sobre el cierre paulatino de los famosos coffeeshops (para los que faltaron a clase el día en el que el maestro explicó lo que eran los coffeeshops, decirles que eran, y siguen siendo a día de hoy, locales donde puedes pedir un café, un té, un zumo u otra bebida, acompañado, si lo deseas, de un poco de marihuana o hachís).
Pues bien, el gobierno holandés (coalición liberal, cristianodemócrata y ultraderecha), ha decidido que estos locales prohíban la entrada a todo aquél que no sea holandés o extranjero con residencia en el país de los tulipanes, siendo necesario el poseer un carnet de socio para entrar en los mencionados locales.
Se acabó lo que se daba. Se acabaron las excusas para decir que vamos a visitar una de las mejores obras de ingeniería del mundo moderno (obra de protección sobre las subidas de las aguas en el Mar del Norte); adiós al “voy a visitar” los campos de tulipanes, las aspas de los molinos holandeses o los canales que vertebran su paisaje. Está claro que el turismo holandés va a caer en picado.
Menos mal que todavía nos queda el visitar la famosa Zona Roja, con sus famosas exhibiciones femeninas tras las vitrinas.
De verdad que no sé a donde vamos a llegar. Todo son prohibiciones y cortapisas.
Ufff, creo que ya me he despertado, volviendo a ser el que siempre soy.
Feliz 2012 a tod@s.
Domingo
Así que, con el fin de encontrar tema, he ojeado las ya ojeadas noticias de los principales rotativos españoles, encontrándome con más de lo mismo: crisis, medidas económicas, recortes, el Madrid, Mourinho, el Madrid, más recortes, el Barça, Cristiano, y otra vez el Madrid.

De las noticias “reojeadas” de fuera de nuestra “piel de toro”, me llamó la atención la que informaba de la decisión del gobierno holandés sobre el cierre paulatino de los famosos coffeeshops (para los que faltaron a clase el día en el que el maestro explicó lo que eran los coffeeshops, decirles que eran, y siguen siendo a día de hoy, locales donde puedes pedir un café, un té, un zumo u otra bebida, acompañado, si lo deseas, de un poco de marihuana o hachís).
Pues bien, el gobierno holandés (coalición liberal, cristianodemócrata y ultraderecha), ha decidido que estos locales prohíban la entrada a todo aquél que no sea holandés o extranjero con residencia en el país de los tulipanes, siendo necesario el poseer un carnet de socio para entrar en los mencionados locales.
Se acabó lo que se daba. Se acabaron las excusas para decir que vamos a visitar una de las mejores obras de ingeniería del mundo moderno (obra de protección sobre las subidas de las aguas en el Mar del Norte); adiós al “voy a visitar” los campos de tulipanes, las aspas de los molinos holandeses o los canales que vertebran su paisaje. Está claro que el turismo holandés va a caer en picado.
Menos mal que todavía nos queda el visitar la famosa Zona Roja, con sus famosas exhibiciones femeninas tras las vitrinas.
De verdad que no sé a donde vamos a llegar. Todo son prohibiciones y cortapisas.
Ufff, creo que ya me he despertado, volviendo a ser el que siempre soy.
Feliz 2012 a tod@s.
Domingo
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