BORREGUISMO
Pues sí, creo que está de moda. Cada día más. Y me da pena.
¿Qué fue de los criterios propios, de la crítica racional y de la
capacidad de reconocer que uno estaba equivocado cuando los hechos lo
demostraban?
Ahora parece más cómodo que otros piensen por nosotros. No solo queremos
las cosas puestas en el plato; también servidas, masticadas y digeridas.
Para eso están las campañas de publicidad, los algoritmos y las redes
sociales. Da igual lo que valgas, la calidad que tengas o las verdades que
cuentes. Lo importante es el ruido que generes y la maquinaria que tengas
detrás.
Un ejemplo: escuchando la versión de “Me quedo contigo” de Antonio Vega,
cuesta entender el revuelo que se montó cuando Rosalía la cantó en los Goya.
Parecía que acababa de descubrirse una joya desconocida. Y con mis palabras no
quiero desmerecer la valía de la artista catalana. Nada más lejos.
Y esto no ocurre solo en la música. Lo vemos cada día en la calle y
también en la política: parece que solo existen el blanco y el negro. O estás
conmigo o estás contra mí. O piensas como yo o eres parte del problema. Los
matices han pasado a ser sospechosos y cambiar de opinión, casi una traición.
La popularidad se confunde con la calidad, lo viral con lo valioso y la
repetición con la verdad.
Fenómeno de masas.
Sí. Pero yo lo llamaría triunfo del borreguismo.
