jueves, 4 de abril de 2013
1ª Y 2ª CARTAS BORNICHAS.
CADA UNO ESCRIBE LO QUE VE O LO QUE QUIERE VER.
Buenas tardes a todos los bornichos y bornichas, os quiero relatar un hecho que para mí ha sido de vital importancia.
Yo, que por cuestiones laborales tuve que salir de Bornos, tengo que reconocer ante todos vosotros y vosotras, que todo lo que huela a Bornos, ya sea bueno o malo, me interesa. Me alegro cuando lo que ocurra o me cuenten, sea positivo para mis paisanos y paisanas, y me entra una rabia por el cuerpo cuando lo que llega a mis ojos o a mis oídos ponga en mal lugar a mi pueblo.
Y digo todo esto porque a lo largo de los años de vida de que goza este blog de “bornichos por el mundo”, se han publicado unas dichosas cartitas de un tal Telesforo, que ponen a nuestro pueblo y a nuestros antepasados de vuelta y media.
Que si esto o si lo otro, que si exageró o se quedó corto, que si estamos de acuerdo o no lo estamos. Eso a mí me da igual. Lo único que sé es que el señor Telesforo nos dejó a la altura del betún.
Si no fue cierto, ¡pues cállate hijo!, y no levantes falsos testimonios; si por el contrario fue verdad lo que se refleja en esas cartas, pues no lo airees, hombre, que estás echando a todos los bornichos y a todas las bornichas, y a sus herederos, a los perros.
Si tú eras tan liberal e ilustrado, y estás viendo unos comportamientos de tal magnitud, no juegues con la vida de tantas personas, que les has hecho mucho daño. Hay que ser más humano, Telesforo.
Los bornichos y bornichas que hoy día te ponen a parir, tienen toda la razón del mundo para hacerlo. Los has humillado, vilipendiado, ultrajado de por vida. Y luego, ¿para qué? ¿Qué ganaste tú, Telesforo, con eso?
Mejor dejarlo, y poner en conocimiento de los bornichos y bornichas el hecho que me ha sucedido.
Ahí voy.
Un buen amigo mío asturiano, con el cual hice el servicio militar y aun conservamos la amistad que nos unió, de un pueblecito precioso que se llama Cudillero, me llamó hace cuatro o cinco años para pedirme ayuda porque un cuñado suyo, también asturiano, de nombre Heliodoro, tenía que hacer su tesis doctoral sobre no sé qué pájaro que habita por nuestra zona. Me pedía este amigo mío, del Sporting de Gijón, que en los tres o cuatro meses que pretendía estar en Bornos su cuñado, le alquilase una casita. Así lo hice.
Heliodoro hizo su tesis y, el mismo día que se iba de nuestro pueblo, me llamó por teléfono y me dio las gracias, diciéndome que le había gustado mucho el pueblo.
Pues hasta ahí, todo normal.
Pero miren ustedes por dónde que, el mes pasado, estuve pasando unos días en Asturias, haciéndole una visita a mi amigo, Pelayo de nombre. Abrazos, risas, historias, fabada, sidra, mucha sidra, gaitas, todo maravilloso. El día antes de venirme, me dijo que tenía que enseñarme una cosa; que me estaba muy agradecido, al igual que su cuñado Heliodoro, y que algún día tenía que conocer nuestro pueblo por lo bien que le habían hablado.
Lo que me tenía que enseñar era una serie de cartas que en su día le mandó su cuñado Heliodoro desde Bornos, y en las que le describe a nuestro pueblo y a su gente.
Leí las cartas de Heliodoro y no pude reprimirme. Se me cayeron dos lágrimas y, emocionado, le pedí a Pelayo que me las diera o que me dejara fotocopiarlas. Pelayo, buen amigo mío que es, sin pensárselo dos veces, me dijo que me las quedase.
Yo habré leído las cartas, y no os exagero, más de veinte veces cada una, y cada vez que las leo, más me gustan y más me emociono.
Para los bornichos y bornichas que estáis en Bornos, seguramente que no os sorprenda leer el contenido de esas cartas, pero los que estamos fuera, al darnos cuenta de lo que nos estamos perdiendo, nos entra una mezcla entre alegría y de congoja, de regocijo y de rabia, que se traduce en el uso continuo del clinex. Por lo menos a mí que soy de lágrima fácil.
Bueno, a lo que iba, os voy a dar a conocer el contenido de esas cartas, a las que mi amigo Pelayo llamó “Cartas Bornichas”.
Haré, si le parece bien al administrador del blog, varias entregas, ya que publicarlas todas del tirón, os llevaría mucho tiempo.
PRIMERA CARTA BORNICHA.
Querido cuñáu Pelayo, te escribayo estas letras cuando llevo cuatro días en este benditu pueblu.
Te preguntarás que cómo estoy. Pues te diré que en estos pocos días de estancia que llevo en Bornos, me ha causado una sensación muy grata. La gente es muy agradable y el pueblu en sí es muy bonitu.
Es un pueblu que tiene mucha llume, y al estar todo pintado de blancu, te lo hace aun más bonitu y luminoso. Me ha llamado mucho la atención que cuando ellos pintarraxan, lo que hacen es encalar, dar cal a las paredes, ¿comprendes?
Su forma de vida es precida a la nuestra. Tan sólo salen a la cai, los sábadus por la nueche.
La xoventú de este pueblu es muy simpática y trabajadora. Yo creyo que toda ella debe de tener trabayu, ya que los sábadus por la nueche no escatiman a la hora de beber y foliar, sobre todo cubatas. También creyo que deben de estar bien de dinero, porque el que no tiene un xarré tiene una motocicleta.
Ayeri estuve esgalopiando en las pistas de atletismo. Alitro mantenerme en forma.
Bueno, Pelayo, te dejo que tengo que clasificar algunas muestras que he axenciado en el tajo donde estoy faxinando.
Te seguiré escribayando para contarte lo que sucede equí en este pueblu tan maravilloso.
Y una última cosa, dale las gracias a tu amigo Antonio Vega. He preguntado aquí por él y me han esplayado muy bien. Me han dicho que le gusta mucho el antroxu, que por cierto empieza la semana que viene.
Hasta otra, cuñado.
HELIODORO
ADVERTENCIA: Habéis comprobado que el tal Heliodoro utiliza algunas palabras que no están en castellano. Se lo dije a mi amigo y él me las ha traducido del bable al castellano.
Llume = luz. Pintarraxan = pintan. Xarré = coche.
Cai = calle. Esgalopiando = corriendo. Foliar = gastar.
Alitro = deseo. Faxinando = trabajando. Antroxu = carnaval.
SEGUNDA CARTA BORNICHA
Hola cuñáu, espero que al recibo de ésta os encontréis todos bien. Dale besitos a mi mana y a mis dos sobrins.
Por equí, todo bien, mejor que lo que yo me esperaba. Cada día estoy más contento con este maraviosu pueblu y con su encantadora gente. Todo equí son sonrisas y amabilidades. ¡ Qué xorra he tenido!
En las dos semanas que llevo aquí, he apreciado que esto es como una ciudá en pequeñito. Todos se conocen ente sí, pero cada uno arramalia su vida, sin importarles lo que le asocede a los demás. Cada uno puede facer lo que quiera, que nunca se lo afean ni se lo pilichan. Tú sabes bien que ellí en nuestru pueblu, estamos esperando que suceda algo para de momento darle a la tablita. Equí no pasa eso. Equí, si tu oyes a una persona batoretiar de otra, siempre le oirás cosus buenas de ella.
Creerás que exagero, cuñáu, pero no, es lo que veo en los días que arramalio equí.
Con respecto a mi trabayu, lo llevo muy adelantado. Conseguí, allí en el tayu, sacar asemeyas de dos nerus, confirmando que esta especie es más prolífera en el sur que ellí en nuestra tierra. Me dio mucha gayola cuando vi que en cada neru había siete en uno y ocho pajarillos en otro.
Una cosu que me hace más llevadero el trabayu ellí arriba en el tayu es la panorámica tan bonita que hay. Existe un llagu donde no dejan de surcar sus aguas, las piraguas y los pequeños barcus de velea. A pie de llagu, junto a uno de los mejores camping que he visto, existe un lujoso club náutico y la escuela de vela y piragua. Casi todos los guajes y rapacinas del pueblu practican estos deportes. Es todo un lujo y un ejemplo a tusar. Según me dicen, la política del ayuntamiento desde hace ya muchos años es potenciar el hermoso llagu que tienen. Y bien que lo han conseguido. Me gustaría que lo vieras.
Bueno, cuñáu, te tengo que dejar que aquí estamos en antroxu y la verdad que aquí esta candanga se celebra por todo lo alto. Ya te entailaré en mi próxima carta.
Viva el Sporting.
Heliodoro.
.
VOCABULARIO.
mana = hermana
xorra = suerte
arramalia = lleva
pilichan = critican
tablita = lengua
batoretiar = hablar
arramalio = llevo
tayu = tajo
asemeyas = fotografías
nerus= nidos
guajes = niños
rapacinas = niñas
tusar = seguir
antroxu = carnaval
candanga = fiesta
entailaré = contaré
.
sábado, 9 de marzo de 2013
DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER.
Tengo que reconocer que me levanté ayer de mañana con ganas de despotricar de algo o de alguien; me molestaba todo, incluso el paso de una mosca me hubiese molestado. Pero como estaba solo en casa, y entre otras cosas, no es época todavía de moscas, mosquitos y moscones, me dije: “lee la prensa digital y verás como te calmas un poco y consigues escribir algo”. ¿Calmarme? Todo lo contrario. Para echarme a llorar. ¡Vaya tela, vaya tela!
Entre Bárcenas, Blancos (por Pepiño Blanco), Urdangarines, Corinnas (por cierto, la princesa Corinna está de mejor ver que nuestra princesa) o el mejor fichaje que ha hecho el Madrid (según los periodistas merengones) en los últimos meses, refiriéndose a un tal Modric, me quitaron las ganas de escribir.
Pensé por un momento, con ocasión del día tan “señalado” (8 de marzo), escribir un artículo sobre la mujer trabajadora, pero me dije, ¿y por qué?.
No es que yo esté en contra de la mujer trabajadora; todo lo contrario. Y es más, esto es un tema que ya no se debería ni de tocar, ya que se debe de dar por hecho: igualdad de todos y para todos. Porque según creo, y por muchas noticias que aparezcan en la prensa (por cierto, en este artículo voy a hablar de la prensa, de la prensa española), en el mundo laboral hay igualdad entre hombres y mujeres: como debe de ser. ¿O no?. Yo creo que sí. Ya que yo entro en un banco donde trabajan hombres y mujeres, y todos hacen lo mismo, echan las mismas horas y, según tengo entendido, tienen el mismo sueldo. Yo voy al Mercadona (por decir uno; y no creáis que el señor Roig me dé comisión por hablar de su cadena de supermercados), y veo que hombres y mujeres se reparten el trabajo por igual, tienen el mismo horario y, según creo, ganan lo mismo al final de mes.
Que haya casos en los que las diferencias de sueldos y horarios (la retahíla de que la mujer debe de trabajar más horas para ganar lo mismo que el hombre.........., bla, bla, bla), yo los desconozco. Y si así es, habrá que combatir esas prácticas.
Y es por esa igualdad que hay, por lo que, y siempre a mi modesto entender, creo que si hay un día de la mujer trabajadora (y no digo que no se lo merezca), también debería de haber un día del “hombre trabajador” o del “hombre” a secas. ¿O no? Yo creo que sí. No por nada, sino por la igualdad de todos y para todos. Porque, aunque iba a ser tarea ardua y difícil encontrar un día en el calendario donde ubicar esa “nueva festividad”, la del “hombre trabajador”, principalmente porque entre fines de semanas, navidades, semana santa y las tropecientas celebraciones ya con día fijo en el anuario, está ya ocupado casi la totalidad de los días del calendario, creo que podríamos encontrar algún huequecito, aunque se tuviese que compartir con un “santo de segunda”.
Y yo iría más lejos. Además de ubicar la celebración en el calendario, yo estaría de acuerdo con diseñar un “logo” que representara al colectivo y a sus seguidores y partidarios. Un logotipo que todos los hombres trabajadores llevarían prendido a la altura del corazón, haciendo gala de su condición, la de trabajador.
Incluso iría más lejos. Para hacernos ver, los hombres trabajadores, y sus partidarios y seguidores, desfilarían en cortejos o cabalgatas por las principales calles y avenidas de sus pueblos y ciudades.
Yo no lo vería mal.
Uffff, sin quererlo me he metido en un fregado que …....., cuando yo lo que quería era hablar de la prensa española. Bueno, mañana hablaré de ella; a ver si tengo ganas y tiempo.
Por cierto, y aunque resulte cursi para algunos, para mí, todos los días son los días de la mujer.
Domingo
jueves, 21 de febrero de 2013
EL PENALTI DE EVO.
Tengo que admitir que el chocolate con churros a altas horas de la madrugada, engullidos inmediatamente después de haber ingerido un par de gin lemon, no me sientan nada bien. Y eso fue lo que me ocurrió el fin de semana pasado. Bueno, en verdad, fueron más de dos los gin lemon que me tome después de una copiosa cena. Un completo diría yo. Está bien, me sinceraré: fueron más de tres.
Pues bien, el hecho de acostarme con el estómago "full", fue motivo para que el tiempo que estuve acostado no fuese todo lo placentero que mi cuerpo necesitara. Y mi cabeza comenzó a dar vueltas y vueltas, sin conseguir dormirme placenteramente; todo lo contrario, una pesadilla tras otra, pesadillas que fueron como una premonición del despertar que tuvimos el lunes en España. Efectivamente, el lunes nos despertamos con la noticia de que el presidente boliviano Evo Morales, primer presidente de origen indígena en Bolivia, ordenó la nacionalización de la filial de AENA que gestiona los aeropuertos bolivianos; y ese fue el tema principal de mis pesadillas.
En ellas, soñé con las causas de la nacionalización de la filial de AENA, con las consecuencias económicas, con las consecuencias políticas, con las relaciones bilaterales entre los dos países, incluso soñé con el gol que Evo Morales, durante la última Cumbre Iberoamericana celebrada en Cádiz, marcara de penalti en partido que jugó en el Estadio Ramón de Carranza, horas antes de darle el plantón a nuestro presidente Mariano Rajoy.
Pues entre las causas que soñé sobre la nacionalización de SABSA (Servicios de Aeropuertos de Bolivia Sociedad Anónima), se encontraba, y me da hasta miedo el decirlo, por lo atroz e irreal que me parece, decía, se encontraba el que el presidente indígena tomaba esa decisión "nacionalizadora" por consejos expresos de algunos sectores políticos y sindicales españoles opuestos al actual gobierno español, los cuales, con el fin de desestabilizar a nuestro gobierno, habían visto que abrir un nuevo frente sería positivo para sus siglas. ¡Qué fuerte! Tan fuerte como irreal.
En qué cabeza cabe que un español, por muchas ansias de poder que tenga, va a cometer ese tipo de animalada. Imposible. Por muy baja que esté la imagen de los políticos españoles, no creo yo que cometiesen ese tipo de idioteces y burradas. No creo yo que los políticos españoles de hoy en día, piensen eso de que "el fin justifica los medios". Hasta ese punto no creo que lleguen. Esta claro que la única animalada que hay en todo este tema es, exclusivamente, el sueño que tuve tras la ingesta de churros aceitosos.
No obstante, y ya apartándome de mi dichoso e irreal sueño, lo que me han llamado la atención han sido las palabras del presidente Evo Morales, en respuesta a las manifestaciones de nuestro gobierno, en el sentido de romper relaciones con Bolivia. El señor Evo Morales ha venido a decir más o menos lo siguiente: "si el gobierno español decide romper las relaciones con Bolivia, acataré su decisión, aunque yo seguiría teniendo contactos y relaciones con las fuerzas sociales españolas".
Y me prometo que cuando vuelva a comer churros, lo haré con moderación, por aquello de las pesadillas.
Domingo
miércoles, 20 de febrero de 2013
PEINETAS.
El pasado domingo, anteayer, en los prolegómenos del partido que jugó el Betis en el campo del Español de Barcelona, me enteré que el día anterior había muerto la gran Marifé de Triana. Qué puedo decir yo, un analfabeto de la copla, un palurdo de la canción española, de esa gran artista. Qué puedo decir yo de unos de los pilares fundamentales de la copla que no hayan dicho ya los entendidos del tema o los que se suben al carro del momento y se la dan de más entendidos que quienes lo son. Yo lo único que puedo decir es que, a mi modesto entender, llevó la peineta como nadie. Con qué finura y elegancia supo llevar este complemento flamenco por todo el mundo.

Ahora bien, qué me podéis decir de cómo llevaba la peineta nuestra Lola Flores, de cómo la movía por los escenarios. Nunca una peineta sintió que la moviesen con tanta gracia y con tanto salero como lo hizo doña Lola Flores. Aunque a decir verdad, doña Lola, se pusiese lo que se pusiese en la cabeza, bien una peineta, un clavel o una rosa, hacía del complemento que llevase en la cabeza, un apéndice suyo: puro arte.
No ha habido flamenca ni tonadillera que no haya subido a las tablas sin una peineta, aunque quien ha sabido sacar más partido de ella, caracterizándose por los múltiples modelos utilizados, ha sido la onubense Martirio, antigua componente del grupo Jarcha y de Veneno (junto a Kiko Veneno y Raimundo Amador). Martirio, una vez en solitario, por los años 80, no subió nunca a un escenario sin ir acompañada de unas gafas oscuras y de una peineta.

Pero me vais a perdonar los seguidores de Marifé, de Lola o de Martirio, pero para mí, mujer guapa y sabiendo llevar una peineta, la madrina que lleva al altar a su hijo. Eso sí que es arte y elegancia.
No obstante, y a pesar que en casi todas las madrinas y en casi todas las ferias, son las peinetas el complemento que más acompañan a la mujer española, últimamente están tomando mucha importancia y renombre otro tipo de peinetas. Son peinetas de mal gusto, desprovistas de estilismo y cargadas de odio y de impotencia, siendo lo peor de todo, y siempre a mi modesto entender, que no se critican ni se cargan contra ellas como se debiera; todo lo contrario, cuando la utilizan algún que otro personaje (para mí, personajillo, por haberla utilizado), y por los medios de comunicación, lo que hacen es analizar más el hecho que motivó que la utilizaran, que el haberla utilizado.
Mientras que las que llevan nuestras mujeres lo que persiguen es enaltecer su figura, intentando que resalte su estilismo y elegancia, las que dibujan en el aire esos "personajillos" y "personajillas" lo que consiguen es caer en manifestaciones obscenas, creyendo sus hacedores que el corte de mangas que dedican, lo hacen con estilo, clase y elegancia; muy equivocados que están.
Enumerar los personajes públicos que engrosan el largo listado de "peineteros" sería tarea extensa. Pero a "bote pronto", recuerdo aquella que hizo Luis Aragonés en el 92 cuando era entrenador del Atlético de Madrid, o aquella otra que hizo José María Aznar en 2010 y dirigida a estudiantes de la Universidad de Oviedo, o aquélla otra, y con ésta termino, que "parece" que hizo S.M. el Rey cuando en una visita al País Vasco le increpaban algunos grupos radicales.

Perdonen, perdonen, no se me podía olvidar. Me refiero a la peineta que está "rulando" en la actualidad por todos los medios de comunicación y a la que hacen mención todos los periodistas: me refiero a la que hizo a su llegada de Canadá el "presunto" donador de sobres, el tal señor Bárcenas. Presuntamente, y repito, presuntamente, lo de este dadivoso señor no tiene nombre.

Resumiendo, podemos decir que eso de llevar y hacer peinetas es una costumbre muy, muy celtibérica.
Domingo
lunes, 18 de febrero de 2013
LA CAMARGA.
ALCIBIADES VILADECAMP I FERROGET EN "LA CAMARGA".
Quizás porque el tema le gusta tanto como a mí, es por lo que el siguiente artículo lo he escrito pensando en mi gran amigo Manolo Vega, a quien se lo dedico. Va por ti, Manolo.
LA CAMARGA
Yo de mayor me gustaría ir a comer al restaurante barcelonés de "La Camarga". Y por qué, os preguntaréis todos. Pues muy sencillo, y es que a mí siempre me "tiraron" mucho las películas de espías;
es verdad que también me gustan mucho las películas del oeste, pero tengo que reconocer ante todos que, a mis años, no me apetece para nada el plantarme en la provincia de Almería y soportar el polvo del inhóspito desierto de Tabernas. Sergio Leone lo pasaría muy bien por esas áridas tierras dirigiendo al por entonces casi desconocido Clint Eastwood, pero a mí, tengo que reconocer que no me apetece en lo más mínimo. Definitivamente prefiero "La Camarga", en la Carrer d´Aribau, a un par de manzanas del Hospital Clínico Provincial de la capital Condal. Me imagino entrando en el restaurante catalán, con gabardina, gafas oscuras y sombrero a lo Bogart, después de haber hecho un doble barrido con mi vista por toda la "carrer" y cerciorarme que nadie me seguía. Tras sobrepasar la puerta de entrada, y disimuladamente, me quitaría de la boca el palillo de madera que siempre me acompaña cuando algo importante me ronda por la cabeza (dejé de fumar hace algún tiempo), y precisamente, en esa ocasión, así sucedería.
- Buenas tardes - me dirigiría al camarero que raudo se me aproximaría, mientras que con mis dedos pulgar e índice, y dentro del bolsillo de la gabardina, intentaría secar el palillo de madera que aun estaba humedecido-.
- Bona tarda, senyor, ¿tiene usted reserva?
- Sí, ayer "tarda" la hice por teléfono.
- ¿Me dice su nombre, si us plau?
- Sí, claro (y acercándome a él, le dije casi al oído el nombre que la tarde anterior había dado para la reserva, y que en nada se parecía a mi nombre verdadero). Alcibiades Viladecamp i Ferroget. Por cierto -le dije antes que comenzase a buscar el nombre que le había dado en la agenda que portaba en su mano derecha, y tras cerciorarme que nadie nos oía-, hice la reserva de una de las salas del primer piso.
Nada más hacer mención al tipo de reserva, quise apreciar que la actitud del camarero cambió como por ensalmo, dibujando en su rostro una expresión de respeto y casi de sometimiento; estaba claro que esperaba una buena propina (la pela es la pela, y el silencio hay que pagarlo). Tras echarle una visual rápida a su agenda, se dirigió a mí, en el mismo tono de voz con el que yo me había dirigido cuando le dije lo del tipo de reserva. Nadie de los comensales que estaban sentados pudo oír sus palabras.
- Segueixi´m vostè, senyor Viladecamp, si us plau (sígame usted, señor Viladecamp, por favor).
- Perdone -le increpé en cierta medida, y acercándome nuevamente a su oído-, si no le importa, hablemos en castellano, ya que hablando en "catalá" corremos el riesgo que se enteren de nuestra conversación, y quiero pasar desapercibido.
- Lo que usted diga, señor; a mí me viene mejor, ya que entre otras cosas - bajando todavía más su tono de voz, y haciéndolo casi inaudible-, soy andaluz.
Seguí sus pasos, subiendo tras de él las escaleras que daban acceso al piso superior donde se encontraban las siete salas o comedores, independientes las unas de las otras, y cuyas paredes deberían de haber sido testigos de multitud de negocios, pactos y estratagemas, unas veces legales, y otras, la mayor parte de ellas, no tantas. Tras dejar varias puertas de cristal opaco atrás, no todas del mismo tamaño, abrió la que hacía seis en el amplio pasillo y me hizo pasar al interior. Por fin me encontraba allí: uno de los comedores privados de "La Camarga".
¡Jo!, qué decepción; ¿y esto es lo que tiene tanta fama?; cuatro paredes con perlita, de color salmón suave, un par de cuadros que lo único que hacen es dar más frialdad aun a la sala, y una simple lámpara de color naranja colgando del techo de escayola. No, no se han quebrado la cabeza a la hora de decorar. Lo dicho, la pela es la pela.
- La reserva era para tres, ¿tardarán mucho sus acompañantes?
- Entiendo que estarán al llegar. Mientras tanto me podría servir un vermú, ¿no le parece?; o mejor no; tráigame un Jack Daniels sólo, sin hielo.
- Enseguida se lo traigo -dijo el camarero, cerrando la puerta de cristal tras de sí y dejándome solo en la sala-. Sólo en la sala, con mi palillo de madera nuevamente en la boca y la gafas oscuras en uno de los bolsillos, comenzaría a rebuscar por debajo de las sillas y de la mesa, por la lámpara, por el centro de mesa, por las esquinas, por los rincones, todo ello por si encontraba algún micrófono, grabadora o cámara. Ojalá tarden el camarero y mis acompañantes de comida; estoy en mi salsa; es el momento en el que me siento protagonista de una de esas películas que tanto me "tiran": ni el mismísimo Coppola hubiese dirigido tan bien un papel como el que yo estaba viviendo e interpretando al mismo tiempo. Limpio, todo está limpio; esta vez no me cogerán desprevenido, a no ser que los artilugios electrónicos los traigan encima.
La puerta de cristal se abrió, entrando mis dos compañeros de mesa y el camarero con el Jack Daniels.
Domingo
Quizás porque el tema le gusta tanto como a mí, es por lo que el siguiente artículo lo he escrito pensando en mi gran amigo Manolo Vega, a quien se lo dedico. Va por ti, Manolo.
LA CAMARGA
Yo de mayor me gustaría ir a comer al restaurante barcelonés de "La Camarga". Y por qué, os preguntaréis todos. Pues muy sencillo, y es que a mí siempre me "tiraron" mucho las películas de espías;
es verdad que también me gustan mucho las películas del oeste, pero tengo que reconocer ante todos que, a mis años, no me apetece para nada el plantarme en la provincia de Almería y soportar el polvo del inhóspito desierto de Tabernas. Sergio Leone lo pasaría muy bien por esas áridas tierras dirigiendo al por entonces casi desconocido Clint Eastwood, pero a mí, tengo que reconocer que no me apetece en lo más mínimo. Definitivamente prefiero "La Camarga", en la Carrer d´Aribau, a un par de manzanas del Hospital Clínico Provincial de la capital Condal. Me imagino entrando en el restaurante catalán, con gabardina, gafas oscuras y sombrero a lo Bogart, después de haber hecho un doble barrido con mi vista por toda la "carrer" y cerciorarme que nadie me seguía. Tras sobrepasar la puerta de entrada, y disimuladamente, me quitaría de la boca el palillo de madera que siempre me acompaña cuando algo importante me ronda por la cabeza (dejé de fumar hace algún tiempo), y precisamente, en esa ocasión, así sucedería. - Buenas tardes - me dirigiría al camarero que raudo se me aproximaría, mientras que con mis dedos pulgar e índice, y dentro del bolsillo de la gabardina, intentaría secar el palillo de madera que aun estaba humedecido-.
- Bona tarda, senyor, ¿tiene usted reserva?
- Sí, ayer "tarda" la hice por teléfono.
- ¿Me dice su nombre, si us plau?
- Sí, claro (y acercándome a él, le dije casi al oído el nombre que la tarde anterior había dado para la reserva, y que en nada se parecía a mi nombre verdadero). Alcibiades Viladecamp i Ferroget. Por cierto -le dije antes que comenzase a buscar el nombre que le había dado en la agenda que portaba en su mano derecha, y tras cerciorarme que nadie nos oía-, hice la reserva de una de las salas del primer piso.
Nada más hacer mención al tipo de reserva, quise apreciar que la actitud del camarero cambió como por ensalmo, dibujando en su rostro una expresión de respeto y casi de sometimiento; estaba claro que esperaba una buena propina (la pela es la pela, y el silencio hay que pagarlo). Tras echarle una visual rápida a su agenda, se dirigió a mí, en el mismo tono de voz con el que yo me había dirigido cuando le dije lo del tipo de reserva. Nadie de los comensales que estaban sentados pudo oír sus palabras.
- Segueixi´m vostè, senyor Viladecamp, si us plau (sígame usted, señor Viladecamp, por favor).
- Perdone -le increpé en cierta medida, y acercándome nuevamente a su oído-, si no le importa, hablemos en castellano, ya que hablando en "catalá" corremos el riesgo que se enteren de nuestra conversación, y quiero pasar desapercibido.
- Lo que usted diga, señor; a mí me viene mejor, ya que entre otras cosas - bajando todavía más su tono de voz, y haciéndolo casi inaudible-, soy andaluz.
Seguí sus pasos, subiendo tras de él las escaleras que daban acceso al piso superior donde se encontraban las siete salas o comedores, independientes las unas de las otras, y cuyas paredes deberían de haber sido testigos de multitud de negocios, pactos y estratagemas, unas veces legales, y otras, la mayor parte de ellas, no tantas. Tras dejar varias puertas de cristal opaco atrás, no todas del mismo tamaño, abrió la que hacía seis en el amplio pasillo y me hizo pasar al interior. Por fin me encontraba allí: uno de los comedores privados de "La Camarga".

¡Jo!, qué decepción; ¿y esto es lo que tiene tanta fama?; cuatro paredes con perlita, de color salmón suave, un par de cuadros que lo único que hacen es dar más frialdad aun a la sala, y una simple lámpara de color naranja colgando del techo de escayola. No, no se han quebrado la cabeza a la hora de decorar. Lo dicho, la pela es la pela.
- La reserva era para tres, ¿tardarán mucho sus acompañantes?
- Entiendo que estarán al llegar. Mientras tanto me podría servir un vermú, ¿no le parece?; o mejor no; tráigame un Jack Daniels sólo, sin hielo.
- Enseguida se lo traigo -dijo el camarero, cerrando la puerta de cristal tras de sí y dejándome solo en la sala-. Sólo en la sala, con mi palillo de madera nuevamente en la boca y la gafas oscuras en uno de los bolsillos, comenzaría a rebuscar por debajo de las sillas y de la mesa, por la lámpara, por el centro de mesa, por las esquinas, por los rincones, todo ello por si encontraba algún micrófono, grabadora o cámara. Ojalá tarden el camarero y mis acompañantes de comida; estoy en mi salsa; es el momento en el que me siento protagonista de una de esas películas que tanto me "tiran": ni el mismísimo Coppola hubiese dirigido tan bien un papel como el que yo estaba viviendo e interpretando al mismo tiempo. Limpio, todo está limpio; esta vez no me cogerán desprevenido, a no ser que los artilugios electrónicos los traigan encima.
La puerta de cristal se abrió, entrando mis dos compañeros de mesa y el camarero con el Jack Daniels.
Domingo
sábado, 2 de febrero de 2013
ENTREVISTA
http://bornichosporelmundo.blogspot.com.es/2012/02/entrevista-domingo-blanco-en-onda-cadiz.html
miércoles, 23 de enero de 2013
HAZAÑAS BÉLICAS (II).
Catorce cero cero. Trifulca entre miembros de una misma pandilla:
Tú me hiciste; yo no fui.
Tengo testigos; estás mintiendo.
Tú siempre tienes que meter la pata; la culpa es de ustedes por no llamarme.
Yo te avisé; eres un mentiroso.
Pasamos de ti; ¿ah , sí?, pues esta tarde vengo con mis amigos de la calle los Soto y nos quedamos con el camión (se refería al camión abandonado, al igual que en la serie televisiva “Cuéntame”, que durante muchos años estuvo en las “casitas nuevas”, por debajo de la fonda de Isabel (abuela de nuestra Rosa) y antes de llegar al bar de Dorado).
Diecisiete cero cero. Tras la finalización de las clases de solfeo, los unos, de las clases de informática e inglés, los otros, y de las clases de natación en piscina cubierta, el resto (igual que hoy ……, y no nos deprimíamos ni nos traumatizábamos), la pandilla de la calle de los Soto, a cuya cabeza iba el que discutió con el resto de la pandilla de las casitas nuevas, toma posesión del tesoro. Piedras, guijarros y “chinos batines” siembran el suelo del camión, con el fin de ser utilizados como armas arrojadizas, caso que fuera necesario.
Diecisiete y quince. Fulanito, que normalmente disfruta del camión, observa desde su casa que su amigo de pandilla, lo ha cumplido, y su camión ha sido ocupado por miembros de otra pandilla. Corriendo, avisa a menganito y zutanito, también miembros de la misma pandilla. Y avisan a uno, a otro …. y así hasta igualar las fuerzas.
Diecisiete y treinta. Diálogo entre pandillas, en el camión. Unos arriba, los usurpadores, otros abajo, los que lo disfrutan a diario. Que sí, que no, que sí, que no, que sí, que no ….. una piedra que vuela. Comienza la batalla.
Fin de la batalla. Resultado incierto.
Al día siguiente, todos amigos, como si no hubiera pasado nada. Y volverán a sus clases de solfeo, los unos, a clase de informática e inglés, los otros, o a clases de natación en la piscina cubierta, el resto.
En honor de un gran amigo que lo fue.
Domingo.
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