miércoles, 23 de enero de 2013

HAZAÑAS BÉLICAS (II).


Catorce cero cero. Trifulca entre miembros de una misma pandilla:
Tú me hiciste; yo no fui.
Tengo testigos; estás mintiendo.
Tú siempre tienes que meter la pata; la culpa es de ustedes por no llamarme.
Yo te avisé; eres un mentiroso.
Pasamos de ti; ¿ah , sí?, pues esta tarde vengo con mis amigos de la calle los Soto y nos quedamos con el camión (se refería al camión abandonado, al igual que en la serie televisiva “Cuéntame”, que durante muchos años estuvo en las “casitas nuevas”, por debajo de la fonda de Isabel (abuela de nuestra Rosa) y antes de llegar al bar de Dorado).

Diecisiete cero cero. Tras la finalización de las clases de solfeo, los unos, de las clases de informática e inglés, los otros, y de las clases de natación en piscina cubierta, el resto (igual que hoy ……, y no nos deprimíamos ni nos traumatizábamos), la pandilla de la calle de los Soto, a cuya cabeza iba el que discutió con el resto de la pandilla de las casitas nuevas, toma posesión del tesoro. Piedras, guijarros y “chinos batines” siembran el suelo del camión, con el fin de ser utilizados como armas arrojadizas, caso que fuera necesario.

Diecisiete y quince. Fulanito, que normalmente disfruta del camión, observa desde su casa que su amigo de pandilla, lo ha cumplido, y su camión ha sido ocupado por miembros de otra pandilla. Corriendo, avisa a menganito y zutanito, también miembros de la misma pandilla. Y avisan a uno, a otro …. y así hasta igualar las fuerzas.

Diecisiete y treinta. Diálogo entre pandillas, en el camión. Unos arriba, los usurpadores, otros abajo, los que lo disfrutan a diario. Que sí, que no, que sí, que no, que sí, que no ….. una piedra que vuela. Comienza la batalla.
Fin de la batalla. Resultado incierto.

Al día siguiente, todos amigos, como si no hubiera pasado nada. Y volverán a sus clases de solfeo, los unos, a clase de informática e inglés, los otros, o a clases de natación en la piscina cubierta, el resto.

En honor de un gran amigo que lo fue.

Domingo.

martes, 22 de enero de 2013

NARANJA Y MÁS NARANJAS.


Si nos ponemos a hablar de naranjas “guachis” o "·navelinas", casi todos podríamos estar de acuerdo de que un zumo de tan preciado cítrico en el desayuno, nos sienta muy bien.

Si por el contrario, las naranjas que nos sirven, son de las llamadas en nuestra provincia, “cañadú” o "tonta", ya no estaríamos todos dispuestos a bebernos un zumo de esas naranjas tan insípidas.

Y si ya para rizar el rizo, las naranjas que nos viésemos obligados a comer fueran las llamadas “naranjas agrias”, mejor no hablar de ellas, porque, y en lo que a mí respecta, las utilizo tan solo, y no siempre, cuando me ponen por delante un plato de coliflores refritas. Aquí sí; aquí podría decirse que existe un estupendo maridaje entre la coliflor y la naranja agria.

No obstante, si a la naranja la convertimos en masculino y le añadimos un diminutivo, nos encontramos con el naranjito. ¿Recordáis al “naranjito”?. No me refiero al Pinto (personaje del pueblo de Bornos), sino a la mascota del mundial del 82.

Pero no. Como no fue de gratos recuerdos para nuestros colores, mejor lo rechazamos. Nos quedamos con la naranja. O quizás también con la media naranja.

Sí señoras y señores, ¿qué sería de nosotros sin nuestra media naranja?. Porque la verdad es que todos (o casi todos), somos medias naranjas, que buscamos nuestra otra mitad.
¡Qué lío!
¡La suerte que hay que tener para que cada uno de nosotros, que ha quedado claro que somos medias naranjas, encontremos a la otra media!
Porque, “un poné”. Uno es media naranja “cañadú”, y quiere encontrar su otra media naranja, pero que también sea “cañadú”. Pero como uno, no se la come entera, se embarca en eso que llamamos “matrimonio” o “pareja de hecho” o “arrejuntamiento”, sin saber que la media naranja que uno ha encontrado y elegido, sea “cañadú”, “guachi”, “agria” o “mandarina”.
Y lo mismo le ocurre a esa media naranja elegida, que a lo mejor es “clementina”, y nos ha elegido porque piensa que también somos “clementita”, sin saber que somos “cañadú”.
Al final, pasa lo que pasa, que cada media naranja, si no ha tenido la suerte de encontrar a la de su especie, se va cada una por su lado.
¡Qué lío!

Pero para naranja, la mecánica. ¿Recordáis aquella película de “la naranja mecánica"?, la adaptada por Stanley Kubrick.
Yo lo único que recuerdo de ella es que, a mediados de los 70, fuimos algunos de la pandilla al cine “Delicias” de Jerez. Decían que estaba bien, pero debo de reconocer que no guardo muy buenos recuerdos.

Ahora bien, también por aquella época había otra “naranja mecánica”; la de los Cruiff, Neeskens. Rep, Krol, Jansen o Resenbrink. Era una delicia verlos jugar al fútbol.


Pero para naranjas, los partidos que echábamos en la plaza de la iglesia del pueblo. No nos hacían falta balones, pelotas, ni esféricos como dirían los pibes argentinos. Para eso estaban aquellos árboles tan frondosos cargaditos de “esféricos”. Que se rompía uno, daba igual, al árbol por otro. Lo malo era cuando se oía la voz aquella de, “que viene Luca, que viene Luca”. A correr, dejando nuestro campo de fútbol todo sembrado de “esféricos” desinflados, mientras que el municipal gritaba “venípacá, venipacá”.

¡Vaya “pechá” de naranjas que te estoy dando, amigo Esteban!

Y hablando de naranjas, hay que ver lo buenas que están las naranjas de la Junta de lo Ríos y de toda la vega del Guadalete. Buenas, buenas, buenas.
También están muy buenas las de la Hacienda Nueva, las que están en la carretera Arcos-Bornos, junto a la “Pequeña Holanda”.

¿Holanda he dicho?

Ahora, ahora caigo. Lo que te quería decir hoy es que, con lo que a ti te gusta el fútbol, fue precisamente a Holanda, a Nederland, a los Paises Bajos, a los que llamaron en su día la NARANJA MECÁNICA, a los que le ganamos la final del campeonato del mundo en Sudáfrica. ¿Te acuerdas, amigo Esteban?

Un abrazo

Domingo

HAZAÑAS BÉLICAS (I)



Tenían cinco minutos para llegar a la cima; aquél que no llegase, era hombre muerto. Una vez arriba, tomaban posiciones, sin ser vistos desde el nacimiento, aprovisionándose de piedras y guijarros con el fin de intimidar a sus enemigos en su empeño futuro por conquistar la cima.
Ocupadas las posiciones, y antes que llegasen los atacantes a los inicios del escarpado, algunos de los defensores probaban la velocidad que tomaban sus armas arrojadizas, observando cómo éstas llegaban al mismo borde de la base de partida enemiga.
Y comenzaba el asalto.
Tan pronto como se iniciaba el ascenso por parte de los asaltantes, una lluvia de guijarros descendían pendiente abajo a una velocidad vertiginosa, como emulando la lluvia de flechas en las defensas de los castillos medievales.
El primer objetivo del bando atacante era conseguir alcanzar, hacia el ecuador de la inclinada pendiente, el escalón de casi un metro de altura que serviría de cobijo para guarecerse de los materiales arrojadizos.
Una vez alcanzado el mencionado escalón, cobijados y adhiriendo los traseros a sus paredes, los osados asaltantes enmudecían al oír el silbido de los guijarros por encima de sus testas.
Y ahora venía lo más difícil.
¿Quién asomaba la cabeza para dar la orden de proseguir el ataque, siempre que viese el momento en que ninguna nueva andanada de proyectiles rodantes mermara el ímpetu de sus compañeros de ataque?
Algunos, los más fríos y pacientes, aconsejaban esperar, a fin de que los defensores se quedasen sin provisiones arrojadizas. Otros, los más temerarios, jugándose el pellejo, acometían el envite final.
Unas veces se conseguía y otras veces no. Pero lo que sí siempre se conseguía, todos juntos, defensores y atacantes, era el remojo de los pies en la tajea del molino ancho.
Así era, señoras y señores; en eso consistían las luchas de la PIEDRA ROAERA.

Domingo.

domingo, 20 de enero de 2013

ARTÍCULO DE OPINIÓN.

Quizás por mi condición de bético de toda la vida (sin pretensiones racionales de ser campeón), o por mi alejamiento de todo lo que suponga figurar en primera fila de salida, o quizás por aversión o encono hacia los que prefieren sacar la cabeza sin mirar o tener en cuenta cuántos cadáveres tienen que dejar a su paso, es por lo que siempre he valorado el trabajo bien hecho, sin tener en cuenta quién lo ha hecho.

Y digo esto porque cada vez más con más asiduidad, observo cómo las personas nos dejamos llevar (y aunque no me gusta generalizar, voy a hacerlo en esta ocasión) más por el sujeto del hecho que por el hecho en sí, más por lo que piense la mayoría que por tener una idea propia sobre cualquier asunto, más por subirnos plácidamente en el barco del campeón que tener que coger los remos para abrir un camino, más porque nos pongan la comidita en el estómago (sin tener ni siquiera que masticar) que tener que evaluar y pensar por nosotros mismos qué y cuáles son los alimentos más propicios y beneficiosos para nuestro organismo.

Y asín nos va.

Para muestra, un tarro lleno de botones. Veamos algunos de ellos.

En la política. Da igual lo que haga mi partido o mi sindicato. ¿Yo me voy a molestar en poner en duda que lo que han decidido mis líderes políticos está mal? No; si lo han decidido ellos, debe de estar bien; defenderé sus acuerdos a capa y espada. Y es más, si en un primer momento veo que sus decisiones no me están favoreciendo, lo único que tengo que hacer es volverle a dar mi confianza, estando seguro que sus decisiones debieron de tener una explicación lógica y convincente. Y otra cosa, todo lo que digan o hagan los opositores a mis líderes políticos, está pero que muy mal; no me explico cómo tienen tan poca vergüenza de decir o hacer eso; son unos descerebrados.
.
En el fútbol. En cualquier reunión en la que nos hallemos nos vamos a encontrar con que a un diez por ciento no le gusta nada el fútbol, que un veinte por ciento del total es seguidor de equipos de "segunda línea", y que el setenta por ciento restante, o bien es simpatizante del Madrid o del Barça. Está claro que a la mayoría le gusta embarcar en el barco del campeón o del que tiene más posibilidades de serlo: de sufridores, nada de nada.
¿Yo voy a ser del Depor, del Valencia, del Málaga, del Betis o del Atleti? Para cuatro alegrones mal contados que me van a dar; ¡anda ya!; yo me apunto a uno de los dos grandes, y así en cualquier reunión que tenga, podré fardar de títulos y de jugadas de mis jugadores. Porque , si soy seguidor de uno de esos equipos de "segunda línea", sólo podré decir del pedazo de gol que metió uno de los jugadores de mi equipo: "¡qué pedazo de gol!: si ese mismo lo hubiese metido Messi o Cristiano, hubiera dado la vuelta al mundo".

Y a lo que iba, y por lo que iba.

Cada día me gustan más las coplas de carnaval, pero cada día me gusta menos el concurso de agrupaciones del Falla. Volvemos a lo que hablábamos. Da igual lo que se cante y cómo se cante en las tablas del Gran Teatro; lo único que importa es quién lo canta. Que canta el Selu, el Aragón, los Carapapas o el Love: "ufffff, qué maravilla", "que pasodoblón, pisha", "este año viene más fuerte todavía", "un pelotazo, colega, lo que yo te diga, un pelotazo", "qué bastinasso, pisha; lo ha bordao", "este año van de primer premio" ……..; y así mil y un comentarios, y todo ello, no sólo sin escuchar a la agrupación de sus amores, sino sin pararse siquiera en oír al resto de agrupaciones.
Al resto de agrupaciones, las de"segunda fila", sólo les queda el que digan de ellas, comentarios como: "muy trabajada, muy trabajada", "tienen golpes buenos" o "si sigue así, llegan algún día".
http://www.youtube.com/watch?v=g3DpRlCJANk

Pero da igual, la vida sigue, y el año viene seguirá habiendo carnaval, final de la Champion League o Presupuestos del Estado. Y nosotros, nos seguiremos dejando llevar por lo que diga o haga el equipo, el partido o la comparsa de nuestros amores: el resto, como nos cuesta trabajo pensar, no existen.

Asín nos luce el pelo.

Domingo

miércoles, 17 de octubre de 2012

VUELO DE LA AIR FRANCE (EL ENCUENTRO).

A las 10:25 despegaba el vuelo AF 1149 de Air France con destino al aeropuerto Charles de Gaulle de París. La ciudad de Barcelona se le quedaba atrás después de un ajetreado día con su editor. Las cosas no le estaban saliendo como él esperaba, aunque a decir verdad, en el horizonte parecía que estaba clareando, por lo que, si no le fallaba su intuición, en un par de semanas podía recibir el primer pago de su ópera prima. Aunque eran muchas las cosas que ocupaban su cabeza, todas giraban entorno a la misma; a esa por la que había estado luchando durante tanto tiempo; esa misma que le había hecho caer una y otra vez en el desasosiego cada vez que pensaba que no se haría realidad. Las dos horas, desde que despegaron de El Prat, hasta que la bella azafata les indicase a los pasajeros que se pusiesen los cinturones, se le hicieron eternas. Y aunque intentó reconducir sus pensamientos hacia uno y mil temas, todos desembocaban donde mismo. Y no que le desagradara, todo lo contrario, pero necesitaba volver a la claridad de pensamientos e ideas que siempre le habían caracterizado y que ya estaba echando de menos. Eran las doce y cuarenta y cinco cuando ya se encontraba en la terminal, a la espera que anunciasen la llamada para los pasajeros del AF 2118 con destino a Frankfurt; su vuelo tenía previsto la salida a las quince y treinta minutos. Fue por ello, por lo que, sin atreverse a abandonar la zona, vagabundeó un poco entre la muchedumbre. Harto ya de dar vueltas, se sentó en el hueco que encontró en uno de los bancos de espera, entre una fornida mujer senegalesa y un señor de marcados rasgos arios. Mientras que la mujer portaba un pequeño hatillo de colores chillones, en el que tenía sentado a una simpática niña que apenas tenía dos años, el señor iba ataviado con un elegante traje gris marengo, hecho a medida, portando una cartera que llevaba liada en su mano derecha, como asegurándose de que no le fuese sustraída, y hablando por el celular en alemán con la mano izquierda. Observando el reloj digital que tenía a escasos veinte metros, pensó que los números se habían aliados contra él, tardando una eternidad en alternarse; era una confabulación: el tiempo se había detenido. No llegaba el momento en que por la megafonía de la terminal 2D, que era en la que se encontraba, se anunciase su vuelo- ¿Lo habrán cancelado? –se preguntaba-. Pero no, eso no. Las condiciones meteorológicas eran las más idóneas para el vuelo. Eso no podía ser. ¡Pero qué coño!, si todavía no es la hora para que anuncien mi vuelo. ¿Lo harán en castellano, o sólo lo harán en francés, inglés y alemán? Como lo hagan así me veo aquí tirado como una colilla –se reía y movía la cabeza, negándose que eso iba a suceder-. Acababan de anunciar un nuevo vuelo, levantándose de inmediato la mujer de color, siendo la niña, la que ya a su corta edad, se había percatado del estado de ansiedad y desasosiego que estaba viviendo su vecino de asiento, obsequiándole con una sonrisa al tiempo que se acercaba a espaldas de su madre hacia la puerta de embarque. Inmediatamente el asiento dejado libre por la mujer senegalesa, fue ocupado por otra que ya hacía algún tiempo merodeaba por los alrededores del banco, y que era la antítesis de la madre de la sonriente y dulce niña negrita. Alta, muy alta, rubia, estilo impresionante, elegantísima con un traje pantalón en tonos claros; de piel blanca, pero como decía su amiga, fría, insípida y transparente. Seguro que es alemana, pensó él. Muy pronto ella se le dirigió en inglés, viéndose obligado a gesticular y darle entender que no entendía absolutamente nada. - Debería de haberle hablado en su idioma, perdone –le contestó ella en un castellano claro, pero como enlatado-. - ¿Por qué sabe que soy español? –le respondió él. Con su típica sonrisa socarrona y seductora, la cual le había abandonado hacía ya algún tiempo-. - Por dos razones, por el periódico que lleva entre sus manos, y porque los dos cogimos el vuelo en Barcelona ¡Hija puta!, pensó él; qué sabe la rubiancona ésta; seguro que es alemana. - Pues no me había dado cuenta, perdone. En condiciones normales, es usted de las mujeres que no me pasaría inadvertida. Permítame decirle que es usted muy guapa y elegante. - Muchas gracias –sonrosándose, pero sintiéndose muy halagada-. Me llamo Claudia. - Yo, Bond, James Bond –dedicándole otra sonrisa; pero ésta más seductora aun que la anterior-. Ella, no acostumbrada a este tipo de bromas, pero encantada de haberla recibido, rió como hacía tiempo no lo hacía, girándose hacia él, mostrando su perfecta dentadura, sus ojos azul grisáceos y sus incipientes patas de gallo, con la intención de conocerlo mejor y dejarse conocer. - Perdone, era una broma. Me llamo Pedro. Intentaba romper el hielo; no sé si lo he conseguido. Insisto en decir lo que ya le dije, es usted bellísima. Claudia era ingeniera química. Nacida en Coblenza hace cuarenta y cinco años y divorciada desde hacía más de diez, trabajaba desde entonces en una empresa en la ciudad de Ludwigshafen. Con anterioridad, e inmediatamente finalizar sus estudios de ingeniería, decidió salir de Alemania para ir a trabajar a España, concretamente en el Polo Químico de Huelva. Dos fueron los años que estuvo en el sur de España, periodo suficiente para dominar casi a la perfección el castellano, aunque desde entonces, y salvo esporádicos viajes por razones de trabajo a la península ibérica, no había vuelto a practicar. A pesar de lo casi veinte años desde su estancia en España, todavía añoraba aquellos largos paseos por las arenosas playas del litoral onubense y el carácter abierto y cálido de los habitantes de la zona. Aunque años tras años se había prometido volver, nunca encontró ocasión ni tiempo para hacerlo. Y fue ese carácter abierto de la gente del sur de España, y porque no decirlo también, el aspecto tan saludable y varonil de su compañero de vuelo, lo que le hizo mostrar más interés del acostumbrado por aquel hombre. Su corpulencia, su tez morena y su cara de pícaro, ya le habían llamado la atención en el aeropuerto de El Prat, y ya en París, y sin que él lo advirtiese, encontró la ocasión oportuna para entablar conversación con él. - ¿Y a dónde viaja usted? ¿Vuelve a su país? - Sí, espero el vuelo de Frankfurt ¿Y usted? - Yo también, que casualidad; yo también vuelo a Frankfurt. Y me alegro por mí, porque ya sé que cuando usted se levante para ir a la puerta de embarque, yo le seguiré, ya que le voy a ser sincero, como lo anuncien en francés o en alemán, no entiendo absolutamente nada, y seguro que me quedaba en tierra. Así que me pegaré a usted como una lapa. - ¿Cómo una lapa? –dijo ella riéndose nuevamente- . ¿Qué es una lapa? - Pegarse como una lapa es hacer todo lo que usted haga: si usted se levanta, yo me levanto; si usted se sienta, yo me siento; si usted va a tomarse un refrigerio, yo me tomo un refrigerio; si usted va a los aseos, yo…… le acompaño hasta la puerta y espero a que salga para seguirla. Y así siempre, ¿me comprende? Ella volvió a reírse y a sentirse como no recordaba desde hacía ya mucho tiempo. Fría y calculadora en todos sus actos, percibía que aquel caballero español la había desarmado por completo. Pero lejos de sentirse molesta y a la defensiva, sino todo lo contrario, se sentía dichosa y algo incrédula por tan feliz encuentro, se dejó llevar por el momento. Sólo lamentó que este encuentro se hubiera producido en estas circunstancias; hubiera preferido habérselo encontrado en un bar de copas. - Perdone –dijo nuevamente riéndose-, pero tengo que ir a los aseos; si quiere me acompaña hasta la puerta, pero yo le aseguro que voy a volver. - Ok, le espero aquí, pero con una condición; bueno, mejor con dos: que regrese usted hasta aquí, y que cuando vuelva que nos tuteemos, ¿no cree? - Ok, trato hecho. Ahora vuelvo. Dejándole su maletín de trabajo, Claudia se dirigió hacia los servicios, algo nerviosa y sabiendo que los ojos de su amigo la estaban persiguiendo. Entró y se fue directamente hacia el espejo; pulsó el grifo, y tras llenarse el hueco hecho con las palmas de sus manos, se refrescó la cara en dos o tres ocasiones. Tras secarse con un par de toallitas, se miró al espejo y vio lo que ya hacía mucho tiempo no veía en su rostro. Al observar sus ojos henchidos de luminosidad y su semblante denotando confort extremo, se preguntó en repetidas ocasiones: no me lo puedo creer, ¿qué me ha hecho este hombre? Es un bestia, ist ein Tier. Tras acicalarse con las pinturetas que portaba en el interior de su bolso personal, salió de los aseos, pero algo más nerviosa que cuando entró. Por su parte, él, Pedro, más tranquilo que antes de tan fortuito encuentro con la teutona, y deseando que volviera lo antes posible, había vuelto a pensar en el motivo de su viaje. No se lo creía. Todavía no sabía lo que se iba a encontrar a su llegada al aeropuerto alemán. No sabía si se iba a ver abandonado y solo, o por el contrario, como esperaba que sucediese, iban a hacerse realidad sus sueños. Por lo pronto, los dígitos en el reloj habían vuelto a su desfile tradicional. Ya era algo. El caminar elegante de Claudia acercándose hacia donde él se encontraba, no pasó inadvertido para muchos de los que se encontraban en la terminal, y mucho menos para Pedro, que nada más verla, pensó en una posible alternativa a su hipotética situación de abandono y soledad en el aeropuerto de Frankfurt. Pero la rechazó de inmediato. - Pensé que se había ido; perdón, que te habias ido. - Pues no te creas, por un momento me pasó por la cabeza el salir de aquí en un coche alquilado. Si no lo he hecho ha sido porque me dejaste al cuidado de tu equipaje. Se lo iba a dejar al tipo éste de mi izquierda, que según creo, también es alemán. Pero me dije, qué va a pensar la señora ésta de los españoles. - Señorita. Perdona, soy señorita. ¿Y tú, estás casado? - No, divorciado. Pero si te soy sincero, tengo algo en mente. - Perdona, pero te pediría que me hablases un poco más lento; hay algunas expresiones que no capto - Jajajaja, haré lo posible por vocalizar mejor. Pero te voy a decir una cosa, si hubiese hablado en mi andaluz castizo, seguro que entonces no hubieras entendido absolutamente nada; y eso que tú estuviste en Andalucía. Poco menos de una hora estuvieron hablando muy animosamente antes que por la megafonía se anunciase el vuelo AF 2118 con destino a Frankfurt. Para tranquilidad de Pedro, también fue anunciado en castellano. No obstante, Claudia, con el primer anuncio, en francés, ya se lo había comunicado muy a pesar suyo, ya que si por ella hubiese sido, hubiera estado departiendo en aquella terminal toda una eternidad. Todavía ella estaba sorprendida por las sensaciones tan extraordinarias que aquel hombre le estaba aportando. Nunca, nunca en su vida, su flema y su frialdad hacia con los hombres, le habían dejado de controlar la situación; ni siquiera cuando contrajo matrimonio; de hecho, cuando vio peligrar ese control del que tan orgullosa se sentía, hizo que su abogado le entregase los papeles del divorcio a su marido al poco de cumplir un año de casada. Pero en esta ocasión todo estaba siendo diferente. Ella era la primera sorprendida. - ¿Qué asiento llevas? - El 12 V - ¡No¡ - exclamó Claudia sin poder controlarse-; el destino ha querido que vayamos sentados juntos en el vuelo. - Muy bien, así se nos hace más corto el viaje. - Y si no te importa, te voy a pedir un favor antes que embarquemos al avión. - Pide; si está en mi mano te será concedido el favor. - Me da que sé yo, pero con todos los vuelos que llevo, todavía paso miedo cuando despegamos. ¿Te importa si me cojo de tu brazo en ese momento? - No te preocupes, te abrazaré fuertemente para que sientas que la fuerza de mis brazos te salvarán de cualquier contratiempo que se nos presente. Descuida que yo seré tu salvador si eso sucediese. - Déjate de bromas, pero es verdad que siento pánico a la hora del despegue. No ves, al aterrizar no; será porque ya siento que me encuentro en mi destino. - Pues que sepas que el aterrizaje es más peligroso que el despegue. - No me metas más miedo en el cuerpo, jajajajaja. Ya embarcados, comprobaron que el avión comenzaba su despegue a las quince treinta, hora prevista. Claudia, con las facciones de su cara un poco alteradas, se agarró fuertemente del brazo de Pedro, respondiéndole él con un abrazo y oprimiéndola delicadamente contra su pecho. Ella de inmediato dejó de sentir miedo, habiéndose quedado en esa posición durante todo el trayecto si hubiese podido elegir, pero ya una vez el avión cogió altura, él, no viendo normal lo que estaba sucediendo, intentó que la situación volviese a la normalidad. - ¿Te encuentras ya mejor? –le dijo, haciendo que se incorporara-. Claudia se incorporó con toda la parsimonia propia de no querer hacerlo, y, sin mediar palabra alguna, se le quedó mirando fijamente a los ojos. Lo vio bellísimo, deseando en aquel momento que la besase apasionadamente. Él, que leyó en sus ojos lo que ella deseaba, evitó que sucediese echando un poco de hielo al momento. - Por cierto, no te he preguntado, ¿vives en Frankfurt? - No, vivo y trabajo en Ludwigshafen, a unos ochenta o noventa kilómetros de Frankfurt, aunque cada vez que puedo me escapo a Coblenza a visitar a mis padres; yo soy de allí, de Coblenza. - No te lo vas a creer, pero yo también me dirijo a Ludwigshafen. No sé dónde está, ni cómo es, ni nada de nada, pero voy allí. - Si quieres nos vamos juntos en taxi. - Pues no te puedo decir nada, porque igual me están esperando para recogerme. - ¿Un amigo? - No, una amiga. Ella titubeó un poco en decir lo que pensó al instante, pero al final lo dijo. - ¡Qué suerte! - En verdad que sí, que si ha podido venir, tengo suerte, porque si no estaría totalmente perdido, sin saber a dónde ir. - No, me refiero, a que la suerte la tiene tu amiga con poder recogerte. - A ver si viene, a ver si viene –dijo algo nervioso Pedro, queriendo desviar el tema. Por fin tomaron tierra, siendo trasladados en un autobús hasta la terminal para la recogida de equipajes. Claudia, sabedora de que a su acompañante lo pudiesen estar esperando, sacó de su maletín de trabajo una tarjeta personal, entregándosela a Pedro por si le hiciera falta algo durante su estancia en Ludwigshafen. Se resistía a dejar de luchar por esta oportunidad que le había concedido el destino; sabía que nunca más tendría otra igual. - Pues si te parece bien, me llamas y quedamos un día para comer o para tomar unas copas. - Lo veo bien. Además te lo debo; me has tranquilizado bastante en el aeropuerto de París. Hasta que llegaste, lo estaba pasando fatal; no sé cuántas cosas se me pasaron por la cabeza. Hasta pensé en regresar a Barcelona, jajajajajjaa. - Qué exagerado eres. Ya con sus maletas, siguieron al reguero de pasajeros que salían, con semblantes muy distintos. Él, ilusionado con ver la cara que tanto tiempo llevaba esperando ver; ella, temerosa que alguien lo estuviese esperando. Nada más salir, él vio la cara que esperaba ver. Su semblante cambió por completo, llenándosele su cara de alegría, y con una sonrisa que era el resumen de lo que estaba sintiendo. Ella, Claudia, al ver que la sonrisa de su amigo le iluminaba la cara, notó como el cielo se abría y volcaba un manantial de agua fría sobre su cabeza. Lucharé por él, se dijo. Dejando su maleta un par de metros atrás, salió al encuentro de la mujer que se veía que llenaba su vida. Sin pensarlo, los dos posaron las manos sobre la cara del otro, y tras unos segundos sin articular palabra pero diciéndose muchas cosas con sus miradas, se besaron apasionadamente. Nuevamente volvieron a mirarse, como si no se creyesen que aquello estaba sucediendo, para fundirse en un caluroso abrazo. - Mira gitana, te presento a una amiga de vuelo. Salimos junto desde Barcelona, y da la coincidencia que también se dirige a Ludwigshafen. He pensado que podíamos acercarla hasta allí. Las dos mujeres se saludaron siguiendo los deseos de Pedro, aunque sin que se viese ni una pizca de sinceridad por ambas partes. Claudia había observado con algo de envidia la cara de felicidad de la mujer que le acababan de presentar cuando recibió a Pedro, aunque también observó como ella la miraba con cara de inquisidora. - Por mi no hay ningún inconveniente ¿A dónde te diriges? –se dirigió a Claudia con cara de pocas amigas-. - Concretamente voy a Nietzchestrabe. - Ok, allí te dejamos. Aunque tendremos que dar un gran rodeo, pero no hay problemas. Aber ich sagen einer sache, nicht gehen zum Aufschalten zwischen uns beiden; ich musste mich dazu zwingen kommen der wo ich heute, und nicht komme der erlauben welch niemand mich stehle. Las dos mujeres entrecruzaron sus miradas inquisidoras, siendo Claudia la más dañada. - Aunque me vais a perdonar, mejor tomo un taxi; quiero hacer unos recados antes de llegar a casa. Gracias por tu ofrecimiento, señora –le dijo en un tono en señal de reto-. Y a ti, Pedro, gracias por haberme dado un viaje tan agradable; no lo olvidaré nunca. Y ya sabes, si necesitas algo, haz uso de mi tarjeta, estaré encantada con pagarte con la misma moneda que me has pagado tú. Sin pensárselo dos veces, le zampó un beso en cada mejilla a su compañero de viaje, al tiempo que con su mano izquierda le oprimía la cintura, lanzándole un claro mensaje. A su retadora ni la miró, pero mandándole en un tono muy despectivo un auf wiedersehen eifersüchtig, mientras se alejaba de la pareja. - Déjame que te mire –dando dos pasos atrás y recreándose en ella-. Estás bellísima; me parece mentira que estemos juntos. - A quien le parece mentira es a mí –le contestó ella, todavía nerviosa por el encontronazo con la bella ingeniera. Lo besó nuevamente y lo cogió por la cintura hasta llegar a su vehículo-. Durante todo el trayecto hasta el hotel hablaron de trivialidades, aunque lo que más predominaron fueron las miradas y los apretones de manos cargados de deseo mutuo. Una vez en la habitación del hotel, y como dos posesos, se desnudaron el uno al otro, e hicieron realidad lo que en mil y una ocasión habían deseado hacer y que se tuvieron que conformar con la fuerza de sus mentes.

El porqué II LA ESTANCIA DE TELESFORO DE TRUEBA Y COSSÍO EN BORNOS. (2ª parte)

Viniendo de la 1ª parte, publicada en el día de ayer en este blog, reitero lo siguiente: “He de decir que todas las aseveraciones que se han hecho hasta ahora y las que vendrán a continuación, están basadas en cartas escritas de puño y letra por Doña Claudina de Trueba y Cossío, hermana de Telesforo. Mi intención era haberlas reproducido y mostrarlas en este blog tal cual, pero los responsables archiveros (no digo de dónde) me prohibieron tajantemente el reproducirlas, e incluso de dar pistas sobre su paradero exacto”. 2ª PARTE Como ya apunté con anterioridad, el sr. Telesforo era un gran jugador de cartas, habiendo amasado una gran fortuna con los naipes. No había juego que se le resistiese. En compañía de dos amigos, Evaristo de Santoña y Julián Tresdedos, acudía allí donde hubiese una timba. Estuvieron en Bilbao, Vitoria, Barcelona, Sabiñánigo, Tordesillas o Salamanca, por mencionar algunas plazas donde dejaron bien latente de su arte con los naipes. Ya fuera el “tute”, la “brisca”, el “mus” e incluso el “pócker”, los tres montañeses acababan siempre desplumando a sus contrincantes. Fueron muchas las fincas y caseríos que lograron en las mesas de juego, amén de “grandes cantidades contantes y sonantes de maravedís” (sic). Tal era la fama que gozaba el sr. Telesforo en el mundillo de los naipes, que un insigne personaje de la corte del monarca Fernando VII y que años más tarde tuvo un papel primordial en la política desamortizadora en el reinado de Isabel II (regencia de Mª Cristina), emplazara al sr. Cossío, en compañía de sus dos adláteres, en los sótanos del Palacio de Aranjuez, para “timbear al pócker y al bridge” (sic). El resultado no podía ser otro: Telesforo ganó en esa tarde-noche, los “títulos de propiedad de una extensión de 34.000 acres en la Toscana italiana” (sic), perdidos, claro está, por el insigne funcionario real. No obstante, el sr. Cossío condonó la deuda a tan ilustre personaje y que a la postre protagonizaría uno de los hechos más importantes y vanguardista de la historia de ESPAÑA. Abandonada la Corte, Telesforo viajó hasta Ávila, y es aquí, cuando, tras desplumar a varios señores de la zona, llegó a sus oídos la existencia de unos juegos de cartas que él desconocía. Fue un grupo de segadores castellanos, que el año anterior habían estado por Andalucía, los que comentaron a los montañeses de la existencia de unos juegos de cartas por la zona y entre los que destacaba el “rentoy”, la “malilla” y los “quirrios”, y concretamente era un pueblo llamado Bornos, donde mejor se jugaba a los mencionados juegos. Y aquí tenemos la única causa, el único motivo por el que Telesforo de Trueba y Cossío recaló en la maravillosa villa de Bornos Así fue, procedente de Sevilla y pasando por Montellano y Villamartín (a la vuelta se fueron por Espera, cruce de las Cabezas y Torres Alocá), llegaron a Bornos a finales del mes de diciembre de 1.82…., hospedándose, según creo, en una casa en los alrededores de la Plaza Orellana: “al oeste cercano del Castillo Palacio” (sic). El recibimiento en el pueblo de Bornos fue de lo más cordial, propio de nuestra gente. Muy pronto se integraron entre los bornichos y se hicieron conocidos. Al tener presencia y gran poder económico, se hicieron habituales en las reuniones de los personajes más dignificantes del pueblo. Y comenzaron sus partidas a los “quirrios”, a la “malilla” y al “rentoy”. Día tras día sus partidas se contaban por derrotas. Y así semana tras semana, no conocían la victoria. Sus pérdidas eran ínfimas, ya que los bornichos sólo se jugaban la “convidá”. Pero Telesforo no jugaba ya por dinero; lo hacía por orgullo, soberbia y querer demostrar que era el mejor. Cada día que pasaba, su humor se hacía más de perro, ya que una derrota sucedía a la otra. Pero aunque le molestaban las derrotas, lo que más daño le hacía era la sorna y el cachondeo de los bornichos (las tascas se llenaban de paisanos y comentaban entre ellos: “ a ver cuando llega el montañés, que tengo el gañote seco”). Al final de cada partida, los bornichos de turno le decían: “gracias don Telesforo, ¿a qué hora quedamos mañana?”. Y este fue uno de los tres motivos por los que el señor Cossío le tuvo aversión a Bornos y a los bornichos, jurando vengarse de todos. La 2ª causa de enfurecimiento se la dio una “bella damisela de ojos verdes oscuros” (sic). De nombre Rosario y de apellido, en relación con los astados (no se puede decir porque hoy en día corren por nuestras calles algunos/as de ellos/as), era hija de un campesino propietario de tierras de secano y varias huertas repletas de damascos. Juanín, que así le conocían en el pueblo, era hombre de pocas palabras. Al enterarse que el montañés rondaba a su hija y que ésta lo rechazaba una y otra vez (estaba enamorada de un bornicho de la calle Veracruz y que por entonces se encontraba alistado con las tropas del General Prieto), juró verse las caras con el Telesforo de los cojones (otra vez perdón). Cierto día de principios de febrero, y cuando Telesforo, en compañía de Julián Tresdedos, estaba a punto de ganar la primera de las malillas, se presentó en la taberna el amigo Juanín, con chimbiri en mano. Poniendo el gran tenedor en el cuello del montañés, le dijo: “si tu ere capá, tacerca ma a mi niña, que tensarto como un já de avena.¿Tajenterao?. Telesforo palideció con el chimbiri en el cuello y acertó a decir: “ lo juro por mi honor no acercarme más a su hija, lo juro”. “Ya te lo he avisao; como tacerque a mi niña, tensarto como un cigarrón”, le contestó Juanín saliendo de la taberna. La “malilla” no se terminó y Telesforo salió de la taberna, en compañía de sus dos amigos, con el rabo entre las piernas y entre las risas y comentarios de los pazantes asistentes. Su estancia en Bornos le hizo ver que ya no era el mejor jugador de cartas, ni que era el que más éxito tenía con las mujeres. Pero si ambas cosas hicieron jurar a Telesforo de que se vengaría de los bornichos, lo peor para él, y lo que más le sacó de sus casillas, quedaba todavía por llegar, la tercera de las causas. En el mes de febrero se celebraban, como de todos los pazantes es sabido, las fiestas del Carnaval. Los distintos copleros componían letrillas de los hechos más importantes acaecidos durante el año. ¿Y cuál era el hecho más importante acaecido en Bornos durante el año? Sin lugar a dudas, la estancia en el pueblo de Don Telesforo de Trueba y Cossío. Varias fueron las coplas cantadas por las murgas sobre el montañés, pero la que más se canturreó en el pueblo fue una, cuyo estribillo decía: “Telesforo, Telesforo Corre, corre que te pilla el Toro”(sic). No hay constancia en las cartas de Doña Claudina, sobre el autor de dicha letra; lo único que se sabe de él es que era un joven zapatero con varias hijas, una de las cuales se llamaba Elisa. Y ahí queda eso Domingo. 28 de septiembre de 2008 Etiquetas: Domingo. 10 comentarios: Juan Luis dijo... Me quedo "pasmao". No pongo en duda tus investigaciones, pero, lo dicho, me quedo "pasmao". El propio Telesforo dice que vivía en la calle San Jerónimo, porque aunque no llegara a nombrarla, sí dice, al relatar un terrible hecho acaecido en la calle Ancha, que tal calle era perpendicular a la calle en la que él vivía. Me encantaría poder "beber" en esas misteriosas fuentes de que hablas. Así, Domingo, a ver si hablamos de ello. 30 septiembre, 2008 13:13 CARO dijo... yo soy otro pasmao" pero el doble de pasmao que Juan Luis. Ya sabemos la razon de tanto odio, pero Domingo sigue investigando a ver si averiguas a quien dejo preña el tiparraco este, que seguro que era el tatarabuelo del tio del puente de la Pepa. Y a ver si dice algo de alguna partida al dómino por la alcantarilla. Gran trabajo de investigacion, pero ten cuidado y no te acuestes tan tarde. 30 septiembre, 2008 14:21 Anónimo dijo... mu interesante, si zeño. Pero no ma acaban de cuadrar mucho las situaciones. ¿será verdá que to el rezentimiento que tenía el telesforo de los... erá por un azunto de faldas? 30 septiembre, 2008 14:53 Anónimo dijo... Teh quihí Omingo!.Bien me has dao coba. Alvaro 30 septiembre, 2008 16:45 Er físico dijo... No pongo en duda nada de lo que escribe, pero joer! los pelos de punta que se me han puesto. No sé cómo ni dónde ha podido tener acceso a estas fuentes, pero me parece maravilloso todo esto que está contando. Supongo que en el texto se habla del chiclanero Mendizábal, cosa que me parece curiosa, pero lo que más me impresiona es la alusión (a mi entender) a Pepito el de Elisa. Los vellos de punta de verdad. 30 septiembre, 2008 16:47 Anónimo dijo... no veas lo bien que me a caio leer to esto blanco gracias 30 septiembre, 2008 17:44 Miguel Angel Aguaera dijo... Joe con mi primo Domingo. Eso es investigación, el motivo de la aversión a Bornos por el fantasma del Telesforo, en referencia al tema de cartas, no sabía el susodicho con quien se las jugaba, algún Aguera seguro que bebió a su costa. 30 septiembre, 2008 18:10 Anónimo dijo... Jajajajaja, muy bueno. Perdió en Bornos a "Los Quirrios" y de ahí viene todo el rencor. ¡Ya sabemos la causa! A. Benítez. 30 septiembre, 2008 18:30 Anónimo dijo... viva el espíritu carnavalesco to el año 30 septiembre, 2008 22:21 Anónimo dijo... dE LO MEJORCITO QUE SE HA PUBLICADO EN EL BLOG 30 septiembre, 2011 13:25

martes, 16 de octubre de 2012

El porqué. LA ESTANCIA DE TELESFORO DE TRUEBA Y COSSÍO EN BORNOS (1ª parte).

Va por delante la felicitación al sr. D. Manuel Martel Gilabert por la publicación de las cartas bornichas del sr. D. Telesforo de Trueba y Cossío. He de decir que al tiempo de ir leyendo una a una estas dichosas cuatro cartitas (sé que quedan algunas más), iba naciendo en mí una repulsa, cada vez mayor, sobre éste ínclito montañés. No ya por, estar o no estar de acuerdo con su ideología afrancesada y liberal, cosa ésta que veo de una lógica aplastante y máxime si nos retrotraemos y nos situamos en su época, sino por la imagen, nada real, a mi entender, que nos intenta hacer ver en sus cartas sobre la sociedad bornicha de la época. No era normal. Tenía que haber un porqué de ese cúmulo de improperios sobre nuestros antepasados. Una persona culta, letrada y de mentalidad abierta como la de Telesforo, no podía en tan corto periodo de tiempo emitir un juicio tan rocambolesco y destructivo como lo hizo de nuestro pueblo. Y es aquí donde comienza mi trabajo de investigación. Me puse la meta de descubrir el porqué de la actitud del señor Trueba y Cossío. Busqué y busqué por los archivos municipales y catedralicios cántabros y tuve la suerte de encontrar su árbol genealógico familiar desde 1697 hasta 1923, fecha donde perdí la pista. Pero la fecha que nos interesaba estaba controlada. De familia aristocrática, propietaria de grandes extensiones de tierras, varios navíos y negocios en América, es el mayor de cuatro hermanos, Claudina, que a la postre nos dio la solución del por qué de la actitud del “insigne “ escritor romántico, Carolo, que murió a los doce años al caer de un árbol, y Clara, importante acuarelista. La niñez y adolescencia de Telesforo (Joaqui, para su familia) fue un andar entre algodones. Sus padres lo educaron para ser un grande de España: mejores colegios, mejores profesores, mejores compañías. Pero el carácter díscolo y egocéntrico del Telesforo de los cojones (perdón) hacían que todas las enseñanzas recibidas no sirviesen más que para crear un personaje malcriado, pendenciero, juerguista y mujeriego, donde el centro del mundo era él: nadie era mejor que él en el uso del florete, nadie jugaba a las cartas mejor que él, nadie tenía más éxistos con las mujeres que él. De esta forma y con “la bolsa repleta de maravedís” (sic), nada ni nadie le hacían frente en la región. He de decir que todas las aseveraciones que se han hecho hasta ahora y las que vendrán a continuación, están basadas en cartas escritas de puño y letra por Doña Claudina de Trueba y Cossío, hermana de Telesforo. Mi intención era haberlas reproducido y mostrarlas en este blog tal cual, pero los responsables archiveros (no digo de dónde) me prohibieron tajantemente el reproducirlas, e incluso de dar pistas sobre su paradero exacto. Y éste es el final de la 1ª parte de este trabajo, no continuando en estos momentos porque podría resultar cansado y tedioso para los pazantes bornichos. Continuará Domingo R 29 de septiembre de 2008 Etiquetas: Domingo. 2 comentarios: Juan Luis dijo... Muy bien, Domingo. Muchas gracias por tu investigación. Poco a poco vamos sabiendo más y más sobre Telesforo. Fue todo un personaje, no nos debe caber la menor duda. Se pasó, sí; exageró, sí, obvió, también. Pero lo que vio, lo vio, y algunas cosas ponen los pelos de punta. Y lo que es peor, dejó herencia. 29 septiembre, 2008 13:35 CARO dijo... A veces uno ve lo que quiere ver y aun no sabiendo demasiado sobre el personaje, es evidente que manipula la realidad como quiere, pues visto desde fuera y sabiendo que existia pobreza en Bornos, tambien debian existir otras cosas, por algo vino el a parar aqui, muchos otros vendrian antes tambien y por eso se corrio la voz de la bonanza de nuestras aguas y clima, y solo personajes de cierto poder adquisitivo se podian ir a tomar las aguas una temporada, existian casas para alquilar con un minimo de condiciones, pues como dice Domingo el tipo vivia como queria y no creo que se hospedara en un pocilga. Yo cuando entro en mi casa tengo dos opciones, una miro debajo de los muebles pesados y veo polvo o me tomo una cervecita escuchando la Mala, este montañes buscaba la miseria y encima puede que la exajerara. Domingo buen trabajo y por cierto cuando coño se acaba la Pepa? Un saludo 29 septiembre, 2008 14:30
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